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Educación Sexual ¿Derecho o amenaza? Imprimir
           Para comenzar debemos reconocer que la sexualidad humana no se agota sólo en las relaciones sexuales entendidas desde el punto de vista genital-reproductivo, sino que abarca realidades mucho mas profundas, ya sea desde un plano personal-afectivo, a una dimensión colectiva de fuerte impacto social, y a este último punto nos referiremos en el presente artículo.

Realmente éste es un tópico muy difícil de abordar con ecuanimidad, sobre todo en ámbitos eclesiales, puesto que las posiciones sobre éste tema suelen ser muy radicalizadas y hasta violentas, ya sean a favor o en contra. 

            En la actualidad tenemos básicamente dos modos sensatos de encarar el problema de la sexualidad:  A- Desde un punto de vista médico-científico y social, B- Desde una perspectiva de Fe y con un profundo sentido catequético, por ende, es deber de los hombres de Iglesia saber complementar estos dos aspectos para bien del Hombre y de su salvación.

            La aparición de enfermedades mortales de transmisión sexual, como el HIV, o el crecimiento indiscriminado de embarazos en adolescentes menores a 15 años, dentro de un contexto de pobreza y marginalidad (sobre todo en América Latina) nos hace replantearnos el tema de la conveniencia, o no, de la Educación Sexual; deberemos entonces, como Iglesia, ocuparnos de esta cuestión y dotar a nuestra feligresía de una verdadera significación de lo que es la sexualidad, la cual inequívocamente, y por voluntad Divina, está relacionada con la autoestima y la identidad personal, por tal motivo a través de una sexualidad sana, consciente y responsable, dentro de un verdadero marco cristiano, las personas experimentan ternura y protección, como vivencia certera de que uno es importante, y que los demás le significan algo; pero si esto, por razones espirituales, psicológicas, sociales o culturales, se desmadra, seguramente se experimentará aislamiento, inseguridad y desprotección; convirtiendo a aquel precioso Don de la sexualidad -otorgado por Dios a la humanidad-, en una pesadilla difícil de superar. Es preciso, entonces, que como cristianos comprendamos y hagamos comprender que: la sexualidad es un lenguaje cuyo idioma es el amor.(*)

            El Mundo, durante la segunda mitad del siglo XX y principios de este, ha progresado en algunos aspectos volviéndose mas atractivo, pero cabe decir también que se ha tornado más peligroso y complejo; todo se transforma a ritmo de vértigo, pautas de convivencia y formas de relación antiguamente habituales y respetadas, hoy parecieran carecer de sentido, creando fascinación por nuevas conductas, pero a la par, provocando en esa misma gente, desasosiego e inseguridad. Nuestra misión, como Iglesia de Cristo, es entonces acompañar a nuestras sociedades en dichos procesos, aún cuando estos no sean de nuestro total agrado. La Iglesia es Madre, y una auténtica Madre no abandona jamás a sus hijos, y mucho menos lo hace cuando está en juego la propia vida de los mismos. En nuestros tiempos la cuestión sexual adquiere en nuestras sociedades latinoamericanas una dimensión muchas veces alarmante y otras lisa y llanamente catastróficas: embarazos no deseados en adolescentes, un crecimiento sostenido en los casos de infecciones por HIV en la franja de población más joven, prácticas cada vez más crecientes de abortos, o la venta de niños por causa de marginalidad y pobreza, hacen que la Iglesia no pueda permanecer neutral frente a estos temas. 

Si bien la Educación Sexual no es parte específica de nuestra misión como Iglesia, tampoco debemos vivenciarla (si se lleva a cabo correctamente) como una amenaza a las enseñanzas de Cristo. Es inútil que como Iglesia nos opongamos a políticas de Educación Sexual, puesto que estaríamos cometiendo un grave error, dado a que no podemos quedarnos ajenos a este desafío por el que atraviesan nuestras sociedades, puesto que si optásemos por quedarnos al margen, tampoco tendríamos un legítimo derecho a opinar sobre las decisiones que se tomaran a futuro.  

Cómo cristianos ortodoxos tenemos la obligación de salvaguardar tanto la vida de los no-natos, (combatiendo aquellas políticas sanitarias que fomenten prácticas abortivas), así como la vida de miles de mujeres y varones que se encuentran en situación de riesgo ya sea por ignorancia, como por causas de profundas injusticias sociales. Es clave que para evitar políticas abortivas en un futuro, se pongan a disposición de nuestra población sexualmente activa, la mayor cantidad de medios e información para evitar embarazos no deseados.(**) Es importante recordar que la Iglesia Ortodoxa permite a sus fieles usar métodos anticonceptivos no-abortivos. En cuanto al uso del profiláctico, es generalmente permitido porque no se trata, al menos en la actualidad, tanto de un método de contraconcepción, sino más bien de una forma idónea de no contraer infecciones virales tales como el HIV o el HPV. En cuanto a las relaciones prematrimoniales, extramatrimoniales y a las de personas de un mismo sexo, si bien no entran dentro de la órbita de competencia de la Iglesia - ya que no puede legislar sobre el pecado -  ella preferiría, lo que no significa de ningún modo avalar dichas conductas, que los involucrados tomen los debidos recaudos a fin de cuidar su salud y sus vidas, puesto que como se manifiesta en las Sagradas Escrituras, Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva; otro aspecto a tener en cuenta de lo antes mencionado, es que también - de esta manera - se buscaría evitar el contagio de enfermedades al cónyuge y/o la transmisión de enfermedades a la descendencia surgida de la mencionada relación, lo cual no haría mas que agravar las consecuencias espirituales, psicológicas y sociales del pecado ya cometido, así como su perpetuación en el tiempo.

 

Anunciación de Nuestro Señor

Anunciación de Nuestro Señor 

Cabe destacar que la tolerancia por parte de la Iglesia a diversas formas de Educación Sexual no significa de ningún modo una claudicación a las Verdades Inmutables que ella sostiene y predica, sino que mas bien debe entenderse como un acto de Amor hacia quienes aún no han encontrado a Cristo. Por eso es necesario preguntarse valientemente como cristianos en lo individual, y como Iglesia en lo comunitario, si acaso tenemos derecho de negar u obstaculizar adrede conocimientos que puedan salvar vidas; y si así fuese: ¿Sería esto un acto de caridad, o por el contrario, sería un grosero acto de orgullo lo que lanzaría a estos indefensos a un abismo de desdichas, enfermedad y muerte?

Quién ha experimentado a Dios en su vida, sabe que el Amor en Dios, jamás está atado al pecado, es por tal razón que nuestras acciones pastorales, como acciones de amor que son, o al menos deberían ser; tampoco pueden estar atadas a la condición moral, sexual o social de nuestros hermanos. Para concluir yo creo que como bien dijo San Filaret de Moscú “La Fe en Cristo no está en conflicto con el auténtico conocimiento, porque la Fe no está unida a la ignorancia”.

Por el Padre Gorazd
-Hieromonje- 

(*) del libro: ¿Quién eres? - De la personalidad a la autoestima -

del Dr. Enrique Rojas -Catedrático de psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid-

(**)  Es importante destacar la labor realizada en el ámbito nacional por la Administración del Presidente Néstor Kirchner, quién a través de su Ministro de Salud: Dr. Ginés González García, ha lanzado desde el año 2003 un interesante y auspicioso programa de Salud Sexual y Reproductiva consistente en la entrega gratuita de profilácticos y pastillas anticonceptivas -no abortivas- destinadas a la franja de población sexualmente activa y de menores recursos; aunque sin lugar a dudas la labor mas preponderante del Dr. Ginés González García ha sido la promoción de medicamentos genéricos a nivel nacional, lo cual contribuyó a abaratar significativamente los precios de los medicamentos para los sectores mas humildes de nuestro país. También es loable el actuar del Ministro en el área de donación de órganos, con su proyecto de ley de “Donante Presunto” a ser tratada en el Congreso durante el transcurso del año 2005, la cual solucionaría en gran medida el tema de los transplantes en Argentina. Asimismo es justo destacar, en este sentido, la labor realizada en este campo por el actual Intendente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Dr. Aníbal Ibarra, a través del Programa Médicos de Cabecera, el cual permite un ahorro del 40% en compra de medicamentos.         

 
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