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Latinoamérica -Justicia Social y Santos Padres- Imprimir
Por el Archimandrita Gorazd

Vicario Apostólico para América del Sur

Vicario Apostólico para América del Sur


              Este artículo nace como fruto de una reflexión personal acerca de la realidad Latinoamericana en la que estamos inmersos, en mi caso particular: la Argentina (*)

         Hace unos días luego de asistir a un oficio de Difuntos de un presbítero ortodoxo, me dispuse a tomar el tren en dirección a mi casa, todavía resonaban en mis oídos los solemnes y a la vez cálidos coros entonando el “Memoria Eterna”, y aún me hallaba impregnado del fino olor a incienso traído desde el Monte Athos por un archimandrita griego, cuando de repente me percaté de mi realidad circundante: una fría y mal iluminada estación ferroviaria, un fuerte y persistente olor a orín, y un verdadero ejercito de mendigos con sus fantasmagóricos carros de recolección de cartón u otros residuos que les pudieran ser de utilidad; la pobreza se mostraba de manera despiadada, decenas de chicos mal abrigados, (y más seguramente mal alimentados), corrían de un lado al otro del andén, insuflando un poco de vida a tan espectral espectáculo. Una vez detenido el tren, esa multitud de excluidos, como nunca los hubo en tal número en mi país, subían ruidosamente al tren, riendo, gritando, apretujándose, e incluso ingresando al tren por las ventanas, yo en tanto, cuidaba de no hacer jirones mi anterí (**) con los carritos, ni engancharme el pectoral con alguna de las bicicletas que viajan en posición vertical dentro del vagón de pasajeros. Lejos había quedado mi “glamour” bizantino. Dios con su lenguaje más elocuente, que es la realidad, me mostraba a mi pueblo, el mismo pueblo, del que más allá en el tiempo, se conmovió Jesús en la ocasión de la multiplicación de los panes.

         El contacto con la miseria, la enfermedad, el dolor, y la injusticia en todas sus variantes, eran moneda corriente en el Oriente dónde nuestros Santos Padres desarrollaron toda nuestra tradición Teológica e inclusive Litúrgica; y uno llega a la conclusión que, después de todo, en el plano social, la realidad latinoamericana actual es bastante similar a la que conocieron nuestros Santos Padres, sobre todo los que residieron en Medio Oriente. Ellos, al igual que nosotros, conocieron de cerca la opresión hipócrita de los poderosos, la usura impositiva perpetrada por las autoridades imperiales, la muerte injusta, la postergación, el frío calando los huesos de los pobres por las mañanas de invierno. Basta con leer el siguiente párrafo de una homilía de San Juan Crisóstomos, para darnos cuenta como él percibía toda la magnitud de esta verdadera tragedia ya en el siglo IV, del  mismo modo que yo en los albores del siglo XXI desde la ventanilla empañada de un ómnibus en una invernal mañana en Buenos Aires: “En el invierno, por el contrario, se les hace la guerra por todas partes y se les cierra el cerco por dos costados: el hambre les consume por dentro las entrañas, y el frío por fuera los deja ateridos y les mata la carne. Por eso necesitan más abundante comida, vestido mas grueso, de techo y de cama, de zapatos y de otras tantas cosas más.   ...y sobre eso, además de carecer más que nunca de lo necesario, se les quita también el trabajo, porque nadie toma a jornal a esos pobres, ni se los llama para servicio alguno... Esta es nuestra embajada, para la que tomamos como ayuda al que fue verdaderamente protector de los pobres, el apóstol Pablo” (O.C.1).

 
San Juan Crisóstomos

San Juan Crisóstomos

          Estimados hermanos, no deja de sorprenderme la agudeza con que San Basilio, al igual que San Juan Crisóstomos, parecieran describir la realidad actual de nuestros pueblos; y aún más me sorprende leer los periódicos, y constatar a través de sus titulares la sapiencia evangélica de San Basilio. Sin ir más lejos, hace unas semanas me encontraba leyendo un periódico, en dónde la señora Anne Krueger (vicedirectora del FMI) declamaba estar preocupada por la situación de pobreza de nuestras naciones, y se mostraba dispuesta, al menos en palabras, a “socorrer” a nuestros pueblos, al leer esto no pude evitar que me venga a mente un párrafo de una Homilía de San Basilio que dice lo siguiente: “Tales son ricos, sus beneficios. Dan poco y reciben mucho. Esta es vuestra humanidad. Expolian incluso cuando dicen que socorren. Para ustedes es fuente fecunda de ganancia hasta el pobre. Sujetan al pobre a la usura y saben obligarlo a que les pague los intereses, aunque ellos no tengan siquiera lo suficiente para atender a sus necesidades. Verdaderamente, ustedes, son misericordiosos! Liberan a uno y lo vinculan a ustedes obligándolo a que les pague usuras quien no tiene ni que comer. - ¿Se puede imaginar acción más perversa? -” (O.C.11)         

       La búsqueda de la equidad social es un compromiso del cual ningún cristiano está exento, puesto que no lo exige una tradición, ni siquiera un comportamiento ético, sino que se trata de una exigencia que brota de manera contundente de los labios de Nuestro Señor Jesucristo: “Tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; fui forastero, y me alojaste; estuve desnudo, y me vestiste; enfermo, y me visitaste; en la cárcel, y me fuiste a ver”(Mt 25, 35-36). El cristiano no debe temer denunciar la injusticia social, ni debe guardar un silencio cómplice sobre ello, aunque muchas veces se corra el riesgo de ser mal interpretado; el brillante San Juan Crisóstomos también tuvo que defenderse de tales acusaciones, tal como podemos ver en este fragmento:  Cierto, muchos hay que no paran de decirme: - Estás atacando a los ricos -   pero ¡Ellos sí atacan a los pobres!  ¿Con que yo ataco a los ricos?  No a los ricos, sino a los que usan mal su riqueza. Yo no me canso de repetir que no condeno al rico, sino al ladrón. Una cosa es el opulento, otra el avariento. Distingue las cosas y no confundas lo inconfundible. ¿Eres rico? ¡Enhorabuena! ¿Eres ladrón? Te condeno. ¿Tienes lo tuyo? ¡Gózalo!  ¿Te apoderas de lo ajeno?  ¡No me callaré!  ¿Me quieres apedrear?  Pues pronto estoy a derramar mi sangre con tal de que impida tu pecado!” (Fragmento de la Homilía 2 sobre Eutropio 3).

         Cada día estoy más convencido de la perennidad de las enseñanzas  de los Santos Padres, y no sólo en un plano espiritual, ya que ellos eran conocedores como nadie de los vericuetos del alma humana, sino también en el plano social. ¡Cómo no recordar este fragmento de otra homilía de San Basilio al leer en los titulares de los periódicos sobre la actitud francamente usurera de los órganos financieros internacionales! “Más tú dime: ¿dinero e interés buscas de quien nada tiene? Acaso si fuera capaz de hacerse más rico ¿qué necesidad tendría de golpear a tu puerta? Ha venido en busca de un aliado y se ha encontrado un enemigo. Buscaba un remedio y ha dado con un veneno. Era deber tuyo socorrer la indigencia de ese hombre y tú la multiplicas, pues tratas de agotar lo poco que tiene

          Soy consciente de que a alguno de mis lectores pueda parecerle inapropiado este artículo, para otros, lo más duros, quizás les parezca extraño a la espiritualidad de la Iglesia Ortodoxa; sin embargo, es indudable de que existe un claro pensamiento social en los Santos Padres, del mismo modo del que indudablemente se desprende una conciencia social desde el Evangelio mismo.

LA DENUNCIA SOCIAL Y LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS “LOCOS POR CRISTO” EN LA ANTIGUA RUSIA

          En la historia de la Iglesia Rusa existe una categoría de santos llamados «locos por Cristo».Algo semejantes a un San Juan de Dios de la Iglesia Occidental. Aquellos hombres llevaban, en ruso, el nombre de «yurodivi», lo que significa algo entre loco y mostrenco. Especialmente se les conoció en los siglos XIV, XV y XVI, y luego, en el XIX y en el XX.

 

            El objeto de dicha locura es la humillación, tratándose de una locura simulada por razones ascéticas, o, sencillamente, la consecuencia de ser auténticos «pobres de espíritu». En ambos casos, el resultado es idéntico: la aspiración de una sabiduría nueva, sobrenatural, de una «sabiduría de corazón» que se manifiesta por la paz del alma, el amor de los enemigos, el don de la oración ferviente y, a veces, por un conocimiento profético del porvenir o de los pensamientos secretos del hombre. 

 

            Los famosos «locos» del siglo XVI, cuyo profetismo político y social les asemejaba a los profetas del Antiguo Testamento, se servían de la «locura» para fustigar el «buen sentido» y la moral farisaica de los «justos», y se atrevían a humillar al Zar, a los ricos y los poderosos. San Basilio el «yurodivi» (en cuya memoria está edificada la más famosa catedral de Moscú), proclamando la paradoja cristiana del amor de Dios hacia los pecadores, besaba los muros de las casas impías (prostíbulos). Otros subrayaban su «amistad» con la mujeres de mala nota, y, al contrario, públicamente insultaban a los celadores de la moral y a los representantes de la fuerza pública.

 

            Uno de los «locos por Cristo» invitó al Zar Ivan IV el Terrible (admirador y amigo epistolario de Felipe II) a compartir con él su comida. Era el Viernes Santo y el Zar volvía de la «pacificación» de la ciudad rebelde de Novgorod. Cuando el Zar, bastante supersticioso, entró en la morada del «yurodivi» y éste le ofreció un trozo de carne cruda y un vasito de sangre, exclamó, asombrado: —¡Es Viernes Santo! —¿Y qué dirás de la sangrecita de tus víctimas en Novgorod? –preguntó el «yurodivi». 

         Para el pueblo ruso, los «locos por Cristo» han sido siempre (y son hasta hoy día) la imagen viva de aquellos pequeños, de aquellos «pobres de espíritu» de aquellos «niños», a quienes están revelados los misterios del Reino de Dios. Son portadores de la sabiduría sobrenatural, que aparece solamente después de haber humillado lo que se llama la «razón natural». La «locura de la Cruz» predicada por San Pablo, la sabiduría misteriosa y oculta en Dios, es eso lo que venera el cristiano ruso en sus «locos por Cristo», acordándose de que «antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios...» (I Cor I, 27-29.)

Extracto de un texto de Jorge Tzebrikov

PENSAMIENTO SOCIAL EN LAS IGLESIAS ORTODOXAS

          Es de destacar que entre las Iglesias Ortodoxas ha ido poniéndose de manifiesto, en los últimos años, una mayor sensibilidad hacia los temas sociales, cabe mencionar, por ejemplo, que el Patriarcado de Moscú, elaboró en el año 2000, un documento sobre “Doctrina Social de la Iglesia”, quizás el primero en su tipo dentro del conjunto de Iglesias Bizantinas. Como cristianos ortodoxos nos hallamos interpelados por realidades tan apremiantes como la “Globalización”, “Ecología” o la “Bioética”, así como también por las realidades de las estructuras socio-económicas regionales y mundiales, tema muy unido al de la globalización; y por primera vez en muchos siglos, la mayor parte de las Iglesias, ya no se encuentran sumidas bajo el yugo turco, ni bajo las directrices de un omnisciente régimen marxista, lo cual brinda a la mayoría de las Iglesias Ortodoxas la oportunidad inédita de debatir, libremente y sin interferencias, los problemas que se le presentan en su accionar pastoral. Muy probablemente en el correr de estos años las Iglesias Ortodoxas se vuelquen un poco más hacia actividades de promoción social, como ya ocurre en Serbia, Rusia y Polonia.  

        Debemos recordar que si en la Iglesia Ortodoxa no hubo mucho desarrollo de un pensamiento social en los últimos siglos, esto se debió en parte, a que la mayoría de las sedes Patriarcales (y por lo tanto intelectuales) de la Ortodoxia, estuvieron firmemente controladas por las sucesivas autoridades islámicas que gobernaron esas regiones. La Iglesia Ortodoxa mal se podía poner a atender a los pobres creando hospitales, escuelas o asilos de niños, cuando esto podía ser interpretado por los gobernantes de turno, como una acción proselitista que podría culminar en una desastrosa masacre de clérigos. En tanto que la Iglesia en la Rusia de Pedro el Grande, tampoco corrió mejor suerte, ya que allí también se buscó someter a la Iglesia al poder estatal, suprimiendo el oficio Patriarcal y no permitiendo tener a los monjes, ni siquiera papel y tinta en sus celdas. Las medidas del Zar Pedro contra la Iglesia constituirían, un precedente a las medidas que luego tomarían Lenín y Stalin contra el Patriarcado de Moscú. Otro hecho interesante de destacar es que, la manifestación que culminó con la violenta represión por parte de las fuerzas de seguridad zarista, la cual inició la caída del régimen, contó con la participación de algunos clérigos, lo que pone de manifiesto un creciente interés por la cuestión social por parte de algún sector de la Iglesia Ortodoxa Rusa en los años anteriores a la Revolución Bolchevique de 1917

               Para concluir podemos afirmar que la falta de un desarrollo de actividades tendientes a la promoción social y atención a los pobres, no se debió en la Iglesia Ortodoxa, a algo inherente a su espiritualidad, sino a factores netamente externos. Para constatar lo antes dicho no hace falta mas que mirar la vitalidad que mostraban algunos Padres por los temas sociales, actividad que quedaría truncada años mas tarde por la irrupción del Islam a la región. 

 

Patriarca Ecuménico Bartolomé I

Patriarca Ecuménico Bartolomé I,
condecorando al Presidente de Cuba Fidel Castro

(*) Este artículo fue escrito en Marzo del 2002, pocos meses después del estallido de la crisis de Diciembre de 2001, que sumergió a la República Argentina en el mayor caos social, financiero  y  político de su historia, y que culminó con la caída del Gobierno del presidente De la Rua, lo cual significó -de facto- el cierre de la era neoliberal en el país. 

(**) Anterí: Especie de sotana usada por el clero ortodoxo; a diferencia de la sotana latina tiene los puños más estrechos y se abrocha por el costado izquierdo. Los clérigos que poseen el rango sacerdotal, usan también una cruz pectoral.

 
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