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El desafío de la Implantación de la Ortodoxia en Latinoamérica Imprimir
           Es muy común observar un cierto desconcierto y hasta desazón entre algunos sacerdotes ortodoxos acerca de hacer de la “Ortodoxia” algo comprensible para la gente de nuestros pueblos, y es precisamente allí, a mi entender, dónde reside la causa del problema.

            Muchas veces los ortodoxos pecamos de empeñarnos en predicar más la “ortodoxia” que en predicar al Cristo vivo, muerto y resucitado, el cual se yergue desde la Cruz como Señor del Universo y de la Historia. Él es quien fundamenta la doctrina de la Iglesia, y no a la inversa. Lamentablemente muchos de nosotros mas que predicar a Cristo, tendemos a predicar en realidad nuestras costumbres religiosas étnico-culturales, la riqueza de nuestro “Arte Sacro”, la solemnidad soberbia de nuestros Coros entonando los VIII Tonos de la Liturgia, y casi relegamos a un segundo plano la prédica del Evangelio. Por supuesto que jamás impugnaría la conservación de las tradiciones nacionales y étnicas de las distintas Jurisdicciones Ortodoxas en suelo Americano, pero debemos reconocer que eso es tan solo un aspecto, si se quiere bastante secundario, de nuestra Misión como Iglesia de Cristo.

            Es preciso reconocer que existen dos dificultades básicas para el desarrollo de la Iglesia Ortodoxa en Latinoamérica: 1- La mayor parte de los sacerdotes y, sobre todo, del episcopado es extranjero y 2- Un cierto sesgo narcisista en nuestras acciones pastorales. 

         Es común al accionar de algunas misiones ortodoxas que traten de captar fieles a través de la belleza de los Iconos, y de la solemnidad sencilla de nuestros Ritos. La belleza de la tradición bizantina greco-eslava se despliega majestuosamente, entonces, para aquellos que atraviesan las puertas de nuestros templos. Sin embargo eso no es suficiente. No debemos olvidar que ser ortodoxo no es otra cosa diferente que ser cristiano, y un cristiano se centra en el mensaje del Evangelio y en la perennidad de la tradición de la Iglesia. Muchas veces noto como gente de indudable sangre americana  convertida a la ortodoxia, trata de pronunciar en una suerte de dialecto babélico, algunas palabras en griego o en eslavo litúrgico, o incluso se afanan por saber como se dice tal o cual cosa en un determinado idioma al que identifican con su Iglesia, como si de aquello dependiese su calidad de cristianos o su fidelidad a Cristo. Debo reconocer que esta actitud generalmente distrae al converso de su objetivo espiritual, y lo centra en cuestiones lingüísticas, artísticas, étnicas, nacionales o culturales.

         Muchas veces uno percata en algunos clérigos cierta tendencia a extranjerizar al converso hispano; como si precisamente su hispanidad fuese un obstáculo o una inclinación cultural negativa a ser subsanada a fin de convertirlo en un auténtico cristiano ortodoxo. Esta postura encierra dentro de sí una concepción miope del cristianismo, puesto que la cultura no es impedimento alguno para abrazar la Fe cristiana, negando de hecho con tal actitud, la universalidad de la Buena Nueva.

         Para ser objetivos, quien trabaje pastoralmente en Latinoamérica, no  encontrará un panorama como el que se puede encontrar en Asia central o África occidental, puesto que los pueblos latinoamericanos poseen ya cinco siglos de tradición cristiana. Como sacerdote uno tiene que tener bien en claro esta situación, y no debe actuar despectivamente sobre el sentir religioso de la gente entre la cual ejerce su ministerio. Muchas veces la misión de un sacerdote ortodoxo en estas tierras, no pasa por hacer conocer a Cristo, sino por perfeccionar el conocimiento que ya se tiene de Él.

         Una de las cuestiones que se suelen plantear con más insistencia es el tema del Rito. Yo considero que el Rito de San Juan Crisóstomos no tiene porque ser un obstáculo para la celebración de los Servicios Litúrgicos así como evidentemente no lo fue el Rito Romano para la Iglesia Católica en la evangelización de Latinoamérica. Muchos detractores del Rito Bizantino sostienen que dicho Rito es absolutamente ajeno a la cultura de los pueblos de la Región, o bien, que es un Rito demasiado extraño a un latinoamericano, sin embargo ¿qué tenían en común un campesino indígena del Perú del siglo XVII con un comerciante veneciano, o con un artesano bávaro? Pero eso no impedía que a uno y al otro lado del Mundo, expresasen su Fe de modo común, celebrando los Sagrados Misterios en un mismo y único Rito. 

 

        Debo aclarar que la pluralidad de Ritos es una manifestación de la  riqueza de la Iglesia y de la Universalidad del Mensaje Cristiano, por tal motivo es loable el trabajo que llevan a cabo ciertas Iglesias Ortodoxas por ensayar una evangelización más masiva apoyada sobre algún Rito Occidental., tal como el Patriarcado Antioqueno en los EEUU, la Iglesia Rusa en el Exilio principalmente en Australia, o la Iglesia Ortodoxa de Francia, incluso acá, en Argentina. En el caso del Patriarcado Antioqueno el Rito escogido es el bien conocido Rito “Tridentino” al cual se le han sumado ciertas variantes, como la inclusión de la epíclesis; en el caso de la Iglesia Rusa en el Exilio han optado, en países angloparlantes por celebrar el Rito “Old Sarum”; y en la Iglesia Ortodoxa de Francia lo hacen utilizando el Rito “Galicano” con notables influencias bizantinas y visigóticas. 

         Volviendo al tema que nos ocupa, yo creo -en lo personal- que el Rito Bizantino es el más indicado, puesto que al ser el Rito mayoritario dentro de la Iglesia Ortodoxa, hace posible una mayor integración litúrgica y espiritual con el resto de las Jurisdicciones, creando una mayor consciencia de pertenencia a una misma Iglesia. Si bien la Unidad en la Ortodoxia se da por medio de la Fe, el Rito, al ser una expresión visible de la misma, conviene que también sea común a todos, a fin de evitar desencuentros que puedan resultar tan inútiles como dolorosos.

         El hecho de celebrar en Rito Bizantino, no significa de ningún modo una pretensión de “orientalizar” a los nuevos miembros de la Iglesia; puesto que seguramente con el correr de los años habrá gente capaz de formular consensuadamente y en un ámbito idóneo, una mejor adaptación litúrgica a las formas regionales, que le puedan dar al Rito, la característica local que todo Rito Bizantino posee. 
         Cabe destacar que los Ritos, si bien tienen un origen histórico y geográfico concretos, superan las limitaciones de dicho marco, para pasar a detentar, con el paso de los siglos, esa nota de catolicidad que es característica de la Iglesia de Cristo. Es por tal razón que asociar y encapsular al Rito Bizantino en un marco cultural y étnico oriental, es privarle de manera imperdonable su vocación católica. 

         El hecho de pretender dotar a los conversos de un bagaje cultural oriental es tan absurdo,- y en cierto modo tan contraproducente-  como, si por ejemplo, las numerosas misiones evangélicas que abundan en Sud América, instaran a sus seguidores a celebrar sus reuniones en la lengua alemana del siglo XVI, aduciendo que en tal lengua escribió Martín Lutero o porque la Reforma se originó en los principados alemanes. Sin embargo ningún evangélico, por más limitado que sea teológicamente, desconoce los fundamentos básicos de su Fe, ni por ejemplo, desconoce la preeminencia que dan ellos a la Fe por sobre las Obras, aunque seguramente, muchos evangélicos en su sencillez, desconozcan que fue Lutero quien propugnó esa doctrina.

         Precisamente la importancia de los Santos Padres residió en traducir la doctrina cristiana concebida en un ambiente espiritual y cultural judío, a la cultura e idiosincrasia helénica y latina imperante en el Mundo Mediterráneo de la época, haciendo comprensible para los no-hebreos la Historia de Salvación. Ya el Apóstol San Pablo tenía una clara visión acerca de la inculturación del Mensaje Evangélico. Es por tal razón que a criterios actuales sería absurdo que nosotros como cristianos ortodoxos, no imitásemos a nuestros antiguos maestros, negándonos a trasvasar nuestro bagaje teológico-espiritual al Mundo Occidental y Latinoamericano en particular. 

 

         Seguramente, que la Fe Ortodoxa desarrollada en América Latina tendrá, con el paso del tiempo, características muy propias, y no me refiero tanto al aspecto litúrgico, sino a la forma de vivenciar la Fe cristiana en este rincón del Mundo. Es probable que la ortodoxia en Latinoamérica tenga una mayor sensibilidad hacia temas sociales, tan urgidos en la Región, así como quizás tenga una menor tendencia al apego por tradiciones étnicas,  y una mayor tendencia a la unión de las Iglesias Locales, puesto que el ideal de un Sub-continente unido forma parte del ideal colectivo de nuestras sociedades. Es común ver en foros de discusión, como los ortodoxos hispanos -sean de la Jurisdicción que sean-  tienden a abroquelarse con mayor facilidad que otros de diferentes etnias, y esto quizás se deba también a un bagaje religioso y cultural de sesgo católico del cual están imbuidos nuestros pueblos, dónde la Unidad de la Iglesia es un Don muy preciado.  
Archimandrita Nazario del Exarcado de México
Archimandrita Nazario del Exarcado de México
confesando a una feligresa

         También es preciso destacar que los ortodoxos hispanos, no deberán ceder a la tentación de intentar amoldarse a formas que le sean artificialmente orientales, por la sencilla razón que ser cristianos no implica ser orientales.

         Quizás la mayor responsabilidad que tengan los hispanos convertidos a la Fe ortodoxa, vaya a ser la de aportar precisamente su hispanidad al concierto de voces de la Iglesia, por dicha razón sería un lamentable error considerar que un latino solo deba adaptarse pasivamente a las formas étnico-culturales ya existentes en el seno de las Iglesias Ortodoxas Helénicas o Eslavas. De la generosidad evangélica de las Iglesias Madres y de la responsabilidad valiente de los ortodoxos hispanos dependerá en gran medida la resolución exitosa de este desafío pastoral.
Por el Padre Gorazd
-Hieromonje- 

 
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