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Derechos humanos y aborto Imprimir

¿PRINCIPIOS COMPATIBLES?

Por el Archimandrita Gorazd

 

            En estos últimos años, confieso que me ha llamado la atención, no ya tanto como sacerdote, sino incluso como latinoamericano, el hecho de que buena parte de los sectores más progresistas de nuestras sociedades apoyen sistemáticamente el tema de la reivindicación del aborto, separándola de la causa a la que está indisolublemente unida: LA DEFENSA DE LOS  DERECHOS HUMANOS

 

            Nuestras sociedades durante gran parte de los años 70 y aún parte de los 80, se han visto sacudidas por una ola de violentas dictaduras que asolaron - con el beneplácito del primer Mundo - a toda Hispanoamérica. Los recuerdos de aquellos años de plomo aún están frescos en la memoria colectiva, principalmente, entre aquellos quienes defendieron los derechos más básicos que requiere un ser humano, a saber: el derecho a la vida, la libertad, la educación, la salud, el trabajo, etc; mucha gente donó sus vidas por estas causas, y de hecho, les debemos estar muy agradecidos por ello, puesto que nuestras libertades actuales, reposan sobre sus sacrificios personales. Cabe señalar también, que no todos ellos murieron, gran cantidad de gente sobrevivió superando destinos como ser la tortura, la cárcel, el exilio, la muerte o la desaparición de sus padres, hijos o nietos; un vivo testimonio de ellos (en Argentina) son agrupaciones tan prestigiosas tales como: “Madres de Plaza de Mayo”, “Abuelas de Plaza de Mayo”, “la Agrupación H.I.J.O.S”, “la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos”, etc. Hoy podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que estas Instituciones, han colaborado en mucho con la calidad de la democracia en Argentina y en el resto de Latinoamérica, manteniendo vivo el reclamo al derecho inalienable a la vida; y, si algo nos ha enseñado la prédica de todas estas Agrupaciones, es – precisamente - que: LA VIDA ESTÁ SIEMPRE POR SOBRE TODO INTERÉS PARTICULAR, NACIONAL, DOCTRINA IDEOLÓGICA, Y/O SOBRE TODA ESTRUCTURA SOCIO-ECONÓMICA.

 

            Hoy en nuestro país, al igual que en el resto de América Latina, nadie duda en condenar a la llamada “Doctrina de Seguridad Nacional”, cuyo mentor más celebre fue Henry Kissinger. Esta “doctrina” - elaborada en EEUU - fue rápidamente adoptada por todas las Dictaduras del Cono Sur y América Central. En Argentina, fue justamente el ex-dictador Jorge Rafael Videla, quién la aplicó a pie juntillas con un saldo de 30.000 personas asesinadas. Pero...¿que sostenía la mencionada “Doctrina de Seguridad Nacional”? Esta doctrina, a grosso modo señalaba que todos aquellos que eran “molestos, peligrosos, o inoportunos” para los intereses del gobierno nacional y el equilibrio regional, deberían sin más ser asesinados o “desaparecer”.

 

            En la actualidad, esto que nos parece sencillamente aberrante, fue la doctrina imperante en todo el Sub-continente; sin embargo, aunque parezca increíble todavía algo de la deleznable pedagogía social de ese pasado sobrevive arraigado en el seno de nuestras comunidades, aunque, por supuesto, disfrazando su génesis fascista con una fachada “progre” y siendo sostenida, sin demasiada conciencia, hasta por algunos de aquellos hombres y mujeres que lucharon en otros tiempos por el derecho a la vida. Me refiero muy concretamente al planteo del ABORTO.

 

            Sabe el buen Dios, que no es el propósito de este artículo satanizar a tal o cual persona o institución, sino plantear el debate desde otra óptica, que no es otra que la de los “DERECHOS HUMANOS”.

 

            Yo me pregunto honestamente, que diferencia hay entre la “Doctrina de Seguridad Nacional” y los argumentos que muchas veces esgrimen los defensores de posturas pro-abortistas?. Si uno hace el ejercicio intelectual de trasvasar la Doctrina de Seguridad Nacional al ámbito personal, verá como esa doctrina guarda un parecido, a escala, con lo que proponen muchos de aquellos que defienden la práctica del aborto como un “mal menor”. También para nuestros más sangrientos y célebres dictadores, era un mal menor la desaparición del ciudadano inoportuno en aras del bienestar futuro de la República.

 

            Estimo, que nada ni nadie puede limitar el derecho a la existencia de una persona por meras razones de inoportunidad o inconveniencia de su venida al mundo, aparte, si nosotros fuésemos soberanos en aquella decisión personal, porque no podría serlo también el Estado a nivel Nacional? ¿Quien tiene acaso la autoridad moral para decidir quien es apto o no para desarrollar una vida plena en el seno de una familia o un país? Si alguien se considerase capaz de ello, tendría que aceptar que otros también lo son, y que dichas personas, si ejerciesen una autoridad política, también podrían echar mano a esos mismos razonamientos para cuidar el “interés general” de aquellas personas quienes por diversos motivos, ya sean políticos, sociales, económicos, culturales o religiosos no encajen en un modelo de Nación propuesto por la élite gobernante. Confieso que parte de mi miedo a la eventual legalización del Aborto, es que construyamos, inconscientemente y a futuro, una “Sociedad” a imagen del mítico dios “Cronos” y que al igual que este, termine por devorar a sus propios hijos.

 

Cronos devorando a sus hijos

Cronos devorando a sus hijos

 

            Estimados hermanos, sino cuidamos los derechos de los que sabemos son absolutamente inocentes e indefensos, como vamos a cuidar el interés de grupos sociales, que por tener una actuación en la historia, ya no lo son?  Nadie es inocente o culpable en un estado puro, excepto los niños y los que aún no nacieron; por eso, si aplicamos medidas “draconianas” sobre los no natos, ¿que pueden esperar entonces los hombres y mujeres que vivan en esa sociedad? Si nuestra forma de impartir justicia fuese hacer “desaparecer” al que tenemos la certeza de su absoluta indefensión e inocencia, cuál sería entonces nuestro criterio de justicia? Es por tales razones que considero altamente peligroso que una sociedad deje en manos de sus ciudadanos el derecho a la vida o la muerte de otras personas, y mas aún de aquellas que aún no tienen ni voz para defenderse; por lo tanto no hay mayor identificación metafórica posible entre los “pobres” a los que hace referencia el Evangelio o cualquier otra clase de excluido, (ya sean por razones políticas, económicas, sociales, de género, religiosas o raciales) con los no-natos, tanto unos como otros son considerados “inoportunos y molestos”, tanto unos como otros son relativamente fáciles de eliminar, tantos unos como otros están a merced de lo que dictaminen otros mas poderosos, tanto unos como otros no tienen voz, y tanto como para unos como para otros sobran razones atendibles para la anulación de sus Derechos en pos de un “futuro mejor”, del que ellos o ellas, obviamente, jamás participarán.

 

Icono contemporáneo de la Anunciación de la Virgen

Icono contemporáneo de la Anunciación de la Virgen

Nótese en el mismo la figura del Cristo No-Nato

 

            Si uno analiza esto racionalmente, caería en la cuenta de que es absurdo defender los DERECHOS HUMANOS poniendo condicionamientos; es decir, defendiendo sólo los Derechos Humanos de los que ya han nacido, y no de los que se encuentran en una determinada etapa de su normal desarrollo biológico; sostener eso sería tan cruel como decir que defendemos los Derechos Humanos a partir del cumplimiento de tal edad, o de aquellas personas que saben leer o escribir, o que pertenecen a un determinado grupo étnico o religioso. El derecho a la vida -es pues- tan inalienable que no debería admitir condicionamiento alguno.

 

            Realmente sorprende que muchas Organizaciones de Derechos Humanos no hayan comprendido aún la importancia de defenderlos desde la concepción, máxime a la época de adelantos tecnológicos en la que estamos inmersos. El peligro reside en que si no defendemos la dignidad de la persona humana desde su etapa embrionaria, dejaríamos un bache jurídico para la experimentación y manipulación genética. Si excluyésemos a los embriones humanos de la lucha por la Defensa de la Dignidad, convertiríamos a cientos de miles de personas que se encuentran en un determinado desarrollo biológico “de sus vidas personales” en parias sujetos a la perpetración de toda clase de aberraciones o injusticias, las cuales con el correr de los años, se volverían - incluso - en contra de nosotros mismos.

 

            Estimados amigos, yo me pregunto: ¿como se podría inculcar el valor de los “Derechos Humanos” en una sociedad tan consumista como la actual, si por otro lado nos empeñamos en enseñar que en determinadas circunstancias esos mismos “Derechos” quedan anulados? Y encima lo que se argumenta generalmente es sobre la inconveniencia de que ese niño nazca en una determinada situación socio-económica  o emocional de sus padres!!! Entonces, si llevamos nuevamente ese razonamiento al plano de orden nacional, podemos decir que los pobres tienen menos derechos a nacer porque el país no tiene, en la actualidad, capacidad para ofrecerles condiciones de vidas mas dignas, o porque si naciesen podrían engrosar aún mas la filas de los pobres que amenazarían con provocar estallidos sociales. Así como somos capaces de exigir al Estado Nacional que se haga cargo de sus ciudadanos mas pobres o desvalidos, como es su función, deberíamos también exigir a los padres responsabilidad a la hora de la procreación (*); eso de ninguna manera eximiría al Estado de auxiliar a los hijos de matrimonios carentes de recursos.

 

            Mas delicado es el caso de embarazos productos de violaciones, quién ha conocido de cerca estos casos sabe lo doloroso y complejos que son; sin embargo no podemos, como sociedad (y también en lo personal) dejarnos arrastrar por el dolor y la rabia que nos produce este acto teñido de ruindad y cobardía. Las consecuencias psicológicas y espirituales de una violación suelen ser devastadoras, se requiere de mucha contención afectiva y profesional para sortear esa experiencia, pero si a esto vamos a sumarle la condena a muerte de un niño inocente, no haremos más que empeorar las cosas. El Derecho a la Vida de un niño producto de una violación, aunque sea duro sostenerlo, está por sobre los Derechos de su Madre y por sobre encima -también- de la condena de su progenitor. No hay motivo racional para condenar al hijo inocente con mayor dureza que a su padre culpable, puesto que a este último, no se le quita la vida por tal delito, en vez al hijo sí se lo haría.  Yo creo que aquellos que Defendemos la Vida desde la Concepción, también deberíamos presionar al Estado Nacional para que, en dichos casos, ayude económica y profesionalmente a la madre afectada, -a través de un Plan del Ministerio de Acción Social- a fin de que pueda llevar el duro trance de dicho embarazo de la mejor forma posible. También se debería dar la opción a la madre que no quiera hacerse cargo del niño,  por  múltiples y atendibles razones, para darlo en adopción resguardando su identidad si lo desea; también sería loable, que aquella madre que decida hacerse cargo del niño, reciba un subsidio para la manutención y educación del mismo.

 

            Muchas veces se pretende también envolver este tema conjuntamente con el de las “libertades u opciones sexuales”, cosa que no estoy en absoluto de acuerdo, y lo sostengo desde la simple lógica; ya que en este caso no se trata de limitar las actividades o derechos sexuales de un individuo, sino respetar el derecho a la vida “del otro”.

 

            Otra cosa que no deja de llamar la atención, es que muchas veces se arguye en favor del aborto bajo la premisa de la “libre disposición del cuerpo de la mujer”, cosa a la que soy absolutamente solidario. Jamás se le podría negar a nadie a que haga una libre disposición de su cuerpo; por tal motivo, si alguna señora mayor desease hacerse un lifthing yo no tendría la menor autoridad para emitir opinión alguna, lo mismo que si alguna mujer quisiese mejorar algún aspecto de su cuerpo con la ayuda de alguna cirugía plástica, puesto que me parecería algo perteneciente al ámbito de su vida privada y de su coquetería femenina, a lo cual jamás se me ocurriría oponerme, ni siquiera opinar, porque no es de mi incumbencia hacerlo; sin embargo un embarazo, si bien se desarrolla dentro del vientre de una mujer, no es parte de su cuerpo; puesto que si fuese así ¿por qué  entonces el embrión tiene un ADN distinto al de su madre? Por eso un hijo en gestación no es un “pedazo” del cuerpo de su madre; dado a que posee un ADN diferente a ella, es decir que tiene otro código genético, lo cual lo hace único como ser humano desde la mismísima etapa embrionaria. 

 

            Hace unos días, en el prestigioso diario Clarín, leí el extracto a una nota realizada a la Jueza Carmen Argibay, candidata a ocupar un puesto en la Corte de Suprema de la Nación, en ella la magistrada se pronunciaba a favor de la legalización del aborto. No dejó de apenarme su declaración, pues no se trata de la de un ciudadano ordinario, sino que se trata de una mujer de una gran calidad humana, y de una ferviente luchadora en pos de los Derechos Humanos, es por tal razón que durante la última dictadura debió sufrir el camino del exilio. Además la Dra. Argibay, se desempeño en el Tribunal de La Haya, dónde juzgo a criminales de guerra de la ex-Yugoslavia. Como podemos observar hasta aquí se trata de una mujer comprometida con los Derechos del Hombre, sin embargo no deja de sorprenderme que no considere a los niños en una etapa de su formación biológica, como auténticos ciudadanos que necesitan, mas aún que otros, de su protección jurídica. No creo en absoluto que la Dra. Carmen Argibay sea malintencionada, sino que cae en una terrible parcialidad en mirar los derechos de un lado, y no los derechos fundamentales del otro, es decir, como diría mi madre: “que el árbol le tapa el bosque”; pero yendo a lo mas profundo,  lo que sí me aterra como sacerdote (y ciudadano argentino) es el constatar que si así piensan los sectores mas progresistas de la sociedad, que podremos esperar de aquellos sectores que no lo son, ni se reivindican como tales.

 

            Mas estupor causa aún, que algunos Movimientos Feministas  - que reclaman poseer una mentalidad abierta - en Argentina, justifiquen e incluso reivindiquen el infanticidio. Como muchos argentinos sabemos, hace poco tiempo se juzgó a una humilde mujer jujeña por haber asesinado a su bebé apenas salió de su vientre, ella argumentó que esa niña había sido producto de una violación; también asistimos a otro caso, en Entre Ríos, en el que otra joven - luego de dar a luz un bebé concebido con su novio - arremetió contra la criatura hundiéndole 18 veces una tijera. Pese a esto, algunas Asociaciones Feministas apoyan a estas “víctimas”, sin embargo: ¿la niña de la primer mujer, tenía menos “derechos femeninos” que su madre? o en el segundo caso: ¿basta con argumentar presiones familiares y sociales para cometer infanticidio?

 

            Pero volviendo al tema anterior, es preciso aclarar que la única causal de aborto que acepta la Iglesia, así como también el sentido común, es la de aquellos casos en el que se tiene que optar, entre proseguir con el embarazo, o la vida de la madre; en esos casos la decisión queda suspendida a la voluntad de la madre, o de la persona que esté a cargo, si es que ella -por alguna eventualidad- se encontrase privada de conciencia.

 

XXXI Marcha Pro-Vida, realizada por cristianos ortodoxos

XXXI Marcha Pro-Vida, realizada por cristianos ortodoxos

el 21 de Enero del 2004 en la ciudad de Washington

 

No quisiera concluir este artículo sin antes pedir disculpas a todas aquellas personas que se puedan haber sentido afectadas por lo que expuse, y pongo como testigo al Buen Señor Jesús, que jamás tuve intención de herir o molestar a alguien, sino de alertar sobre la incongruencia  -y el peligro- de no defender la Vida desde sus mismos comienzos.

 

                                                                                                   Un fuerte Abrazo en Cristo

                                                                                                               Padre  Gorazd

                                                                                                                 -Archimandrita-

 

(*) Es necesario aclarar que la Iglesia Ortodoxa concede a sus fieles la plena libertad de hacer una planificación familiar responsable, permitiendo recurrir al uso de las denominadas pastillas anticonceptivas no-abortivas, e incluso permitiendo el uso del profiláctico cuando alguno de los cónyuges tenga algún problema de salud que amerite el uso del mismo; o bien, cuando no haya otro método disponible.
 
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