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Slava en la tradición serbo-montenegrina Imprimir

Por el Arzobispo Lazar de Ottawa (*)

(Lev Puhalo)

Arzobispo emérito de la O.C.A

Arzobispo emérito de la O.C.A

 

La mayoría de los cristianos no ortodoxos, con muy pocas excepciones, festejan el día de su nacimiento de una manera no religiosa y no litúrgica, generalmente colocándolo en segunda importancia detrás de la Navidad y, a menudo, celebrándola más que la mismísima Pascua. Los cristianos ortodoxos - en cambio - rara vez dan a la fecha de su nacimiento más que una mención de pasada. Para los ortodoxos, todo se centra en Cristo y Su Santa Iglesia. El “día de fiesta personal” del año no es la fecha de nacimiento, sino más bien  la fiesta del Santo por el cual uno se llama. Este día se denomina como: “día del nombre “,  o bien bajo el término de Imeneny entre los rusos, y se observa en una forma u otra a través de toda la Iglesia Cristiana Ortodoxa como una fiesta de profundo significado espiritual.

 

Además del día del nombre, los serbios tienen una variación muy especial de esta maravillosa tradición. Con ellos, el día del nombre no es un acontecimiento individual, sino más bien un asunto familiar. La fiesta se llama , en serbio, Slava  (Día de Acción de Gracias o de Gloria) y se festeja en el día de fiesta del santo patrono de toda la familia. La profundidad espiritual especial de la Slava  sólo puede ser comprendida cuando uno cae en la cuenta de que la familia allí reunida festeja el día de fiesta del Santo que ha sido el patrono especial de esa familia desde hace siglos – muy probablemente desde que esa familia se convirtió al cristianismo. Por generaciones, el día del santo patrono ha sido una fuerza unificadora especial en la familia, reuniéndola para dar gloria y  gracias a Dios el Creador y Salvador.

 

En el día de la Slava, la casa se convierte en “una Iglesia en miniatura y la familia se convierte en su congregación, recordándonos que la Iglesia es una familia ampliada”. Es tradición que todos los miembros de la familia se reúnan, por lo general en la casa del miembro vivo más viejo de la familia, para conmemorar al Santo Patrono, glorificar a Dios y rezar por todos los miembros de la familia, tanto por los vivos como por los difuntos. Quizás este es el aspecto más hermoso de la Slava: que celebra la unidad de la Iglesia de Cristo tanto en la tierra como en el cielo. La Slava es una especie de reunión familiar espiritual. Los que no están presentes de hecho, están presentes en espíritu; así como también no sólo los miembros vivos de la familia que no pueden estar presentes debido a alguna circustancia, sino también los antepasados de la familia que  ya duermen en Cristo, fieles a Su Santa Iglesia. Ni la muerte, ni el sepulcro, es capaz de separar a los cristianos ortodoxos entre sí.

 

La Slava es una celebración puramente religiosa y esto es personificado por la slavsky kolach (torta de slava)- una versión especial del Kolach pascual (Kulich ruso)  la cual es horneada para la ocasión y que lleva el sello de prósfora de la familia con el signo de la Cruz y el anagrama de “Jesucristo es nuestra victoria” IC-XC-NI-KA.

 

Slavsky Kolach

Slavsky Kolach

 

El kolach también lleva representaciones de la paloma de la paz y de las primicias de la cosecha. Cuando la slavsky kolach es colocada en la mesa, un cuenco o pequeño recipiente de kolyivo es puesto cerca de ella. El Kolyivo (kutiya) se hace de trigo hervido mezclado con miel y especias. El trigo, por supuesto, simboliza la Resurrección de Cristo y, por ende, la esperanza de resurrección  otorgada a todos los que moran en Su Santa Iglesia. El kolyivo , que consiste de trigo cosechado y dejado a un lado para la fiesta, también simboliza la unidad de todos los verdaderos cristianos ortodoxos que habitan la faz de la Tierra, y que a su vez  si bien están reunidos en el Mundo, no son parte de él.

 

Sacerdote ortodoxo antes de bendecir la Mesa de Slava

Sacerdote ortodoxo momentos previos a bendecir la tradicional
Mesa de
Slava
ya preparada con todos los elementos
-Nótese a la derecha el Icono familiar-

 

A menudo, se coloca un icono del patrono familiar en la mesa cerca de la kolach y el kolyivo y se convoca al sacerdote local para que venga y bendiga la casa y a todos los presentes, ofreciendo oraciones por la salud y el bienestar de los que no pueden estar presentes y por el descanso en paz de los antepasados de la familia. El punto importante de la fiesta es el servicio de la Oración de Acción de Gracias (moleben) el cual es servido por el sacerdote ante el icono del patrono familiar.

 

Existe un relato verídico muy interesante que concierne al icono familiar que escribió el difunto arcipreste David Popovich el cual sirvió durante muchos años como sacerdote en la Iglesia Serbia en Youngstown, Ohio. He aquí que reproducimos el mencionado artículo:

 

EL ICONO FAMILIAR

Por el Arcipreste

Milan Popovich

 

En la Edad Media, los turcos invadieron la península balcánica y sometieron a los serbios, búlgaros y griegos. Durante el siglo XIX estas naciones balcánicas se liberaron del imperio turco y reorganizaron sus antiguos estados nacionales. Sin embargo, un gran número de sus compatriotas permanecieron bajo soberanía turca.

 

En 1911, los albaneses islamizados y asimilados como turcos, se alzaron  en una revuelta general y provocaron una estampida de violencia contra los cristianos que vivían en territorio turco, atacando, cometiendo incendios dolosos y matando a personas inocentes. Asesinaron al Metropolita de Greben y cometieron masacres  en las ciudades de Shtip y Kichevo.

 

Los estados vecinos de Serbia, Bulgaria y Grecia se aliaron e hicieron una fuerte protesta conjunta al Gobierno turco, demandando la debida protección para sus compatriotas que aún vivían dentro de las fronteras del imperio turco pero el Gobierno no cumplió con sus demandas. Entonces estos Estados se aliaron y declararon la guerra a Turquía, avanzando sobre el territorio balcánico ocupado por los otomanos, derrotando al ejército turco y liberando las tierras pobladas por sus compatriotas, las cuales históricamente les pertenecían. Esta “guerra balcánica” contra los turcos duró sólo unas pocas semanas.

 

Soldados serbios

 

Soldados serbios durante la
Campaña
contra Turquía  en 1911

 

Todos estos hechos históricos se presentan aquí como  el  telón de fondo  de la siguiente historia verídica:

 

David (más tarde P. David) era un cristiano ortodoxo serbio, nacido y educado en Turquía. Al comienzo de la guerra balcánica era un joven maestro primario. Luego que los soldados serbios entraron en Turquía, David se les unió como voluntario. Dado que hablaba turco con facilidad, fue destinado como intérprete de una patrulla de reconocimiento.

 

Un día, esta patrulla se aproximó a una aldea turca que parecía estar amenazadoramente tranquila; temiendo una emboscada, la patrulla entró cautelosamente en la aldea. No se veía ni un alma por ninguna parte. El comandante de la patrulla le dijo a David:

 

“Vayamos a esa casa grande”, señalando al edificio más grande de la aldea, “quizás pertenece a la persona más notable de la aldea”.

 

 

Cuando llegaron a ella, David golpeó en el portón y dijo en voz alta:

 

“¡Hola! – Abran los portones .Venimos como amigos, no pretendemos nada de ustedes, no les haremos daño, ni tomaremos nada de la casa.

¡Sólo deseamos saludarles y hablar con ustedes!.

 

No hubo respuesta. Pasaron algunos minutos y un soldado de la patrulla lentamente abrió el portón y desde allí miraron alrededor del patio. Allí no había nadie. Cautelosamente se adentraron al interior de la casa y David llamó a la puerta y en voz alta, repitió la misma frase al dueño de la casa.

 

Sin respuesta.

 

Luego de una corta espera, David abrió la puerta de la casa  e indicó al oficial de la patrulla que le siguiera adentro. La patrulla en tanto se quedó en el patio.

 

En todas las casas turcas suele existir un sector que se destina a los hombres y otro a las mujeres; David lo sabía bien  e inmediatamente se volteó para protegerse de la gran sala dónde suelen estar los hombres. En el umbral se detuvo estupefacto. En el rincón lejano de la sala el jefe de la familia estaba parado con los brazos extendidos, mirando hacia la puerta. El miró a David fríamente y, con amargura en su voz, dijo lentamente, “¡Primero mátenme, luego pueden tomar esto!” y señaló con el pulgar de su mano derecha cerrada hacia atrás por encima de su hombro.

 

Con una sonrisa en su cara, David respondió cordialmente:

 

“Le aseguro, mi amigo, que no tenemos intención ni de matarle o de tomar nada de la casa. Créame. Sólo queremos hablar con usted y ofrecerle nuestra amistad.” Al decir esto, David fue hacia el anfitrión, tomó su mano derecha con ambas manos y la estrujó calurosamente.

 

No esperando tal afabilidad, el anfitrión se quedó patitieso.

 

“¿Podemos sentarnos?”, preguntó David con una sonrisa.

 

“Seguro,”, dijo el anfitrión y señaló al largo sillón otomano junto a  la pared, David y el oficial se sentaron en el, y el anfitrión se desplazó del rincón al centro de la sala. David echó un vistazo al rincón para ver qué era eso que el anfitrión estaba preparado para defender con su vida - y cuando lo vio quedó boquiabierto; puesto que se trataba de un Icono cristiano ortodoxo de San Miguel Arcángel el cual colgaba en aquel rincón. Como se sabe comúnmente, se prohíbe estrictamente que los mahometanos posean cualquier clase de íconos.

 

El oficial comenzó entonces una amable conversación con su anfitrión en la cual David sirvió de traductor. En el curso de esta conversación el anfitrión gradualmente se entusiasmó y en alta voz ordenó a los del cuarto trasero que prepararan café, sirviéndolo él mismo en una bandeja.

 

Antes de su partida de la casa, David le preguntó a aquel hombre,¿Dígame, mi amigo, por qué estaba defendiendo al icono con su vida?”.

 

El anfitrión le explicó,

 

“Antes de que mi padre muriese, me dijo: ‘Hijo mío, este icono representa al Santo Patrono de nuestros antepasados. Es el tesoro más precioso y más sagrado en mi posesión. Quiero que me hagas el juramento de que lo apreciarás, conservarás y, si es necesario, lo defenderás con tu vida’. Entonces hice un voto solemne ante él de que así lo haría. Ahora yo estaba preparado para cumplir ese voto.”

 

 

(*) El Arzobispo Lazar, es uno de los más destacados teólogos ortodoxos de América del Norte, y sin lugar a dudas, el mas célebre de Canadá, él es reconocido hace ya algunas décadas por sus escritos,  desde los comienzos mismos de su carrera eclesiástica, cuando servía como diácono en la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio (ROCOR), dónde se hizo conocido por combatir ciertas postura controvertidas  del célebre monje Serafim Rose; años mas tarde , él se integraría a la Metrópolis Ortodoxa Autónoma de Europa Occidental y las Américas dónde fue consagrado Obispo y  elevado al rango de Arzobispo, luego permaneció bajo la Jurisdicción del Patriarcado de Kiev, y desde hace algunos años fue acogido dentro de la Orthodox Church in America (O.C.A.) El Arzobispo Lazar, Lev Puhalo, tal su nombre secular, es uno de los Jerarcas mas valorados intelectualmente dentro de la ortodoxia norteamericana.

 
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