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El Status Canónico del Patriarca de Constantinopla Imprimir

Por el Arzobispo Gregory (Afonsky)

Arz. Gregory

Arz. Gregory
Obispo emérito de Sitka y Alaska

           

            La escuela canónica rusa durante los siglos XIX y XX estudió, con cuidado y diligencia, la cuestión del estatus canónico del Patriarca de Constantinopla dentro de la Iglesia Ortodoxa. La mayor parte de los libros y monografías sobre el asunto estaban bien dispuestos, explicando las causas por las cuales, el Patriarcado de Constantinopla, alcanzó una posición tan extremadamente alta dentro de la Iglesia Ortodoxa como resultado de las circunstancias históricas particulares durante los períodos bizantino y turco.

            Durante la era bizantina el Patriarca de Constantinopla, en su calidad de jerarca de la capital imperial y obispo de la Nueva Roma, recibió no sólo la primacía de honor, sino también privilegios por parte de la autoridad secular del Imperio. Durante el período turco, el Patriarca de Constantinopla, se convirtió en el Etnarca de todos los asuntos concernientes a los Ortodoxos de Oriente, ejerciendo a su vez la autoridad eclesiástica y secular; sin embargo, casi todos canonistas rusos atribuyeron sólo una primacía canónica de honor al Patriarca de Constantinopla y en ningún momento eso implicó un reconocimiento de una primacía de poder (jurisdiccional) sobre todos los Ortodoxos de Oriente.

            Hubo un esfuerzo por parte del canonista e historiador ruso T. Barsov, de unir las bases históricas y canónicas en una "sinfonía", por la cual se justificaba la Primacía del Patriarca de Constantinopla por sobre todos los otros Patriarcas Orientales, ello produjo la reacción opuesta de otro canonista muy conocido A. P. Pavlov que, si bien reconocía las razones históricas que reforzaron el actual estatus del Patriarca Constantinopolitano, rechazó categóricamente en cambio la idea de su poder canónico sobre la totalidad de la Iglesia Ortodoxa.

            Además Pavlov, analizando las aserciones de Barsov, para quien precisamente "la cuestión sobre la estructura eclesiástica del Patriarcado de Constantinopla en Oriente está resuelta, es decir, por la aceptación de la expansión gradual de las prerrogativas Patriarcales de Constantinopla y su importancia excepcional con respecto a los otros patriarcados, así como también por la primacía de su Sede en la Iglesia cristiana de Oriente, en su calidad de representante más viejo de la Iglesia Ortodoxa", tal idea fue llamada: "teoría del Papismo Oriental"

            El Profesor Pavlov se basa en una estricta interpretación canónica con respecto a Constantinopla: "Un sello característico de la legislación canónica que elevó al Obispo de Constantinopla al patriarcado, evidencia que él siempre es comparado con el Obispo de Roma, el mayor jerarca en el mundo cristiano, y su Sede, por ser la nueva capital del Imperio, es reconocida como la segunda Roma",

            Fue solo a principios del siglo XX que la pregunta acerca del estado canónico y formal del Patriarca de Constantinopla dentro de la Iglesia Ortodoxa adquirió una singular importancia en relación con la nueva teoría del controvertido Patriarca de Constantinopla Meletios Metaxakis quién planteó la cuestión de la sumisión de la totalidad de la diáspora Ortodoxa a su Jurisdicción, por lo cual todos los ortodoxos que se encuentran más allá de las fronteras de las Iglesias Autocéfalas, quedan sujetos automáticamente a la autoridad Patriarcal de Constantinopla, Metaxakis basó esta nueva teoría en una particular interpretación de los cánones de la Iglesia Universal. Uno de los últimos canonistas rusos, S.V. Troitsky, respetuosa pero firmemente y con conocimiento pleno del asunto, salió a rebatir esta nueva teoría.

            Aunque Constantinopla, de acuerdo con los planes del Emperador Constantino, era de ser una ciudad cristiana y centro del Imperio cristiano fundado y establecido recientemente; no obstante el Profesor Bolotov escribe: "La Iglesia de Constantinopla no puede tampoco enorgullecerse por pertenecer a un linaje antiguo o por ser una fundación Apostólica" Por consiguiente, escribe Bolotov, hablando desde el mero aspecto eclesiástico, Constantinopla no tenía ningún privilegio, como sí lo tenían las otras Iglesias Orientales. La superioridad de Constantinopla se basó únicamente en su estatus político de nueva capital del Imperio romano. Según San Gregorio el Teólogo había pocos Ortodoxos en Constantinopla hacia el siglo IV, ya que sus habitantes eran mayoritariamente arrianos.

           

            El Profesor A. V. Kartashev, analizó la jurisdicción del Patriarca de Constantinopla, (Nueva Roma) a la cual describió durante la época de su fundación del siguiente modo: "No puede decirse que la reputación Ortodoxa de los obispos de Constantinopla era tan espléndida en el tiempo histórico en el cual surgió como Capital Imperial, desde que Eusebius, líder de los Arrianos colocó a Bizancio, junto con el Palacio Imperial, bajo su influencia. Las Sedes de Roma y Alejandría se enfrentaron durante medio siglo con el Arrianismo sostenido por los Patriarcas y Emperadores de Constantinopla. Roma y Alejandría se convirtieron de hecho en los guardianes de la Ortodoxia Universal contra los embates impíos de Constantinopla y contra su obispo insignificante, el cual estaba sujeto al Metropolitano de Heraclea. La Nueva Roma no tenía ni un pasado ilustre ni cualquier otro logro delante de la Iglesia o la Ortodoxia; sino sólo pretensiones molestas por convertirse en algún tipo de cabeza mal recibida dentro de la Iglesia, además de una herramienta útil al poder Imperial. En el año 381, bajo la protección de Teodosio el Grande, se reunió el Segundo Concilio Ecuménico y entonces la ciudad real, no habiendo aún limpiado del todo la mancha de su antiguo Arrianismo, fue proclamada, en un sentido netamente eclesiástico, segunda en honor después de la "Antigua Roma".

            Durante el reinado del primer emperador cristiano, Constantino el Grande, dispuso que aquéllas Sedes qué estuvieran en las ciudades mayores de las diócesis, recibieran privilegios especiales por sobre los Metropolitanos; y los Jerarcas de aquéllas Sedes comenzaron a ser llamados Arzobispos, Exarcas y finalmente, Patriarcas. El Primer Concilio Ecuménico (Canon 6) reconoció los poderes administrativos más altos a las tres ciudades principales del imperio: Roma, Alejandría y Antioquia, sujetando a dichas diócesis territorios enteros. El mismo Concilio concedió al Obispo de Jerusalén (Aelia), en su calidad de cuna de la Cristiandad " por el honor que fluye de su posición su dignidad propia de Metropolitano de la ciudad se salvaguarda."

            Durante el Segundo Concilio Ecuménico (Canon 3) se igualó al Patriarca de Constantinopla con el de Roma y otras Sedes Apostólicas. El significado literal de este canon concedió la prerrogativa de honor al Patriarca de Constantinopla, aunque poniéndolo, sin embargo, en un segundo lugar con respecto al Obispo de Roma. Si bien el Concilio concedió un sitio especial de honor al Obispo de la Nueva Roma, no le otorgó en cambio ningún poder: por ende el Obispo de la nueva capital continuó estando sujeto, formalmente, al Metropolitano de Heraclea.

            El Canon 3 del Segundo Concilio Ecuménico dice: "Como Obispo de Constantinopla, se le concede tener las prerrogativas de honor después del obispo de Roma, ya que esta ciudad es la Nueva Roma."

            Nosotros sólo podemos ver en el Canon 3 del Segundo Concilio Ecuménico, que el Patriarca de Constantinopla, como obispo de la Nueva Roma, debe tener las prerrogativas de honor después del Obispo de Roma; sin embargo, este canon no dice nada sobre la supremacía de Roma o Constantinopla sobre los asuntos administrativos o judiciales de los demás Patriarcados; no obstante, el Obispo de Constantinopla actuó de tal manera que la interpretación literal del canon se tornó inaceptable, desde que los obispos de la capital comenzaron a ejercer su verdadera autoridad más allá de los límites de Constantinopla.

           

            Según Pavlov estas prerrogativas de honor para "ambos" jerarcas (Roma y Constantinopla) poco a poco evolucionaron hacia prerrogativas de poder real por sobre los otros Metropolitanos ordinarios: en el primer caso (Roma) por vía de la costumbre y en el segundo caso (Constantinopla) por vía de la legislación Imperial" Así las leyes de Emperadores Honorio y Teodosio le concedieron los derechos de última instancia al obispo de la nueva capital con respecto a las disputas entre obispos de territorios vecinos en la región del Illyricum, así como sobre las diócesis de Asia, Pontus y Fracia los cuales fueron confirmados por el Concilio de Calcedonia (Cánones 9 y 17) el cual concedió el derecho de apelación al exarca diocesano o al obispo de la Ciudad Capital.

           

            El Canon 28 de Calcedonia habla del reconocimiento de la desigualdad de honor entre los dos jerarcas nombrados (el de Roma que tiene el primer lugar y el de Constantinopla el segundo), sin embargo, según Pavlov, fueron igualados en términos de derechos y poderes; es decir, les concedió tres diócesis a Constantinopla con el derecho para ordenar los metropolitanos para dichas diócesis, así como para consagrar obispos para los cristianos de distintas nacionalidades (bárbaros) de esas -nuevas- diócesis. Este canon se volvió la piedra angular en materia de elevación y preeminencia de la Sede de Constantinopla.

            Si bien quedó claro que el patriarca de Constantinopla quedaba en un plano de absoluta igualdad canónica con el resto de sus patriarcas hermanos, los Cánones 9 y 17 abrieron una alternativa para el Patriarcado de Constantinopla, es decir una posibilidad bastante amplia para interferir en los asuntos de otros patriarcas, así como, de facto, una extensión de su autoridad por sobre ellos.

            Así el Concilio de Calcedonia estableció a los patriarcas como un tercer nivel administrativo y judicial dentro de la Iglesia: iguales en autoridad pero con diferentes rangos de honor: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquia y Jerusalén. El Canon 36 del Concilio en Trullo alinea a los patriarcas en la misma sucesión con respecto al honor, pero completamente iguales en poder.

            La última palabra en la legislación canónica sobre el rol del Patriarca de Constantinopla quizás sea el Canon I del Concilio de Constantinopla del año 879. Este Concilio dice Pavlov, expresa el principio canónico básico de que el clero y el laicado de una Iglesia de Autocéfala (Romana o Constantinopolitana) no importa donde ellos vivan, están sujetos a la autoridad de su propia Iglesia Autocéfala. Esto significa que una Iglesia Autocéfala no puede interferir en la vida y autoridad de otra Iglesia Autocéfala de acuerdo con el canon VIII del Tercer Concilio Ecuménico.

            En la teoría y según los cánones, los cinco patriarcas se reconocieron como iguales en autoridad entre ellos. Pero esto no se daba en la práctica. Ya en el IV siglo, el Obispo de Roma empieza a proclamar sus pretensiones de autoridad suprema sobre la totalidad de la Iglesia, mientras basaba esto en la primacía (imaginaria) del Apóstol Pedro sobre los otros restantes Apóstoles. En su momento, el Obispo de Constantinopla, gracias a la importancia política de su ciudad, recibió ciertas prerrogativas sobre los tres patriarcados Orientales. Debido a su proximidad íntima a la sede del poder imperial, el Patriarca de Constantinopla aumentó su poder gracias a su rol de intermediario entre el emperador y los otros patriarcas que, cuando arribaban a Constantinopla, sólo podían acercarse al emperador a través de la intercesión del patriarca de la capital.

            Como una señal de estas prerrogativas y en distinción de los otros patriarcas, el obispo de la nueva capital ya a principios del siglo VI, asumió el título de "Ecuménico", título que el Papa Gregorio el Grande objetó. Tiempo después de la caída frente a los musulmanes de las ciudades de Jerusalén (637), Antioquia (538) y Alejandría (641), el Patriarca de Constantinopla se convirtió, de hecho, en la única cabeza espiritual en el Oriente cristiano y esto ciertamente equiparó al Patriarca "Ecuménico" con el Papa de Roma.

            El Patriarca de Constantinopla retuvo su posición de primacía entre el patriarcados Orientales, hecho que ocurrió como resultado de la importancia política de la Nueva Roma. Esto se realizó con la ayuda del "Sínodo de la Casa" (Synodos endimus) el cual asumió toda la autoridad de los concilios Ecuménicos anteriores. Este sínodo, bajo la presidencia del Patriarca, estaba compuesto por obispos y metropolitanos que se hallaban en la capital del Imperio en relación a materias concernientes a sus propias iglesias, y tales Jerarcas solían permanecer allí durante varios años, lo que le permitía al Patriarca congregarlos en un sínodo cuando quería, contando debido a esta sitación con un número suficiente de obispos.

            Así, según Ostroumov, Constantinopla se convirtió en el eje central de la vida de la Iglesia en Oriente y el Patriarca de la capital, con su "Sínodo de la Casa", adquirió una fuerte posición de gobierno dentro de los asuntos Iglesia, ejerciendo una importante influencia sobre los otros patriarcados, tornándose así, de facto, en el más alto nivel de apelación con respecto a ellos.

            Durante el tiempo de Patriarca Photius se realizó un gran esfuerzo por elevar al Patriarca de Constantinopla por sobre encima de todo los otros patriarcas por vía de la legislación secular a través de un epanagoge de Basilio Emperador de Macedonia. En este documento el Patriarca de Constantinopla era distinguido de cualquier otro patriarca Oriental, en él se lo reconoce como el primero de entre ellos, con derecho para resolver cualquier disputa dentro de los otros patriarcados. Sin embargo estos epanagoges, en general, sólo permanecieron en la letra muerta de dichos documentos y nunca adquirieron fuerza de ley.

            No obstante se realizaron nuevos esfuerzos para justificar y afirmar el estado canónico prominente del Patriarca de Constantinopla que ocupó gracias a las ventajosas circunstancias históricas que le tocó vivir. Así la posición de primacía frente a los otros patriarcados, incluyendo al obispo de Roma, estaba basada en la teoría de la Nueva Roma o del "Traslado del Cetro" la cual extrapoló la fórmula sobre el privilegio de su autoridad originando una nueva interpretación de Cánones 9, 17 y 28 de Calcedonia. Esta original teoría, combinado con el epanagoge anteriormente citado, produjo la creación de la teoría del "Papismo Oriental".

            Basándose en el Canon 3 del Segundo el Concilio Ecuménico los canonistas bizantinos crearon una teoría precisa acerca del traslado de todos los derechos más altos del obispo de Roma al de Constantinopla, dado a que la preposición "después" (meta) en el canon se interpretó en un sentido cronológico, es decir que el Obispo de Constantinopla no ocupaba la segunda línea después de Roma, sino la primera, sólo que recibió tal honor después en el tiempo.

            Como resultado, combinando la teoría del "Traslado del Cetro" con el de su primacía en el Oriente, el Patriarca de Constantinopla aparecía como el portador único y legítimo de todos los privilegios y primacía del Papa Romano pudiendo recibir de este modo, no sólo las apelaciones contra los patriarcas Orientales, sino contra el propio Papa de Roma. Así, escribe Ostroumov, gracias a la interpretación perversa de los cánones de Calcedonia y a la unión con la teoría del "Traslado del Cetro" surgió la idea del "Papa en el Oriente" o teoría del "Papismo Oriental".

            La teoría del "Papa Bizantino" sin embargo, permaneció de pie contra la teoría de los "cinco sentidos". Según esta teoría tal como era propuesta por Pedro de Antioquia, hay cinco patriarcas establecidos en el mundo por gracia Divina: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquia y Jerusalén. Así como en el cuerpo humano está gobernado por una cabeza, poseyendo cinco sentidos activos, también la Iglesia sigue el mismo esquema, puesto que el Cuerpo de Cristo, también es gobernada por una Cabeza, el mismísimo Cristo, el cual estableció a los cinco Patriarcas para gobernar las varias naciones."

            Es interesante notar que en esta comparación de los patriarcas con los sentidos humanos, existe ya el concepto de que todos los patriarcas son iguales en autoridad y no están subordinados el uno al otro, sino que están juntos y sujetados a la única Cabeza de la Iglesia: Cristo, así ellos son completamente iguales en autoridad entre si. Según el canonista Balsamon, "... así el primer Patriarca no es anterior el segundo, ni el segundo está por sobre el tercero: sino que los cuando cinco sentidos son parte de la única cabeza y no están divididos"

            Sin embargo con la caída de Roma de la Iglesia Universal (Filioque), la primacía de honor fue a parar a las manos del Patriarca de Constantinopla, así la teoría de los cinco sentidos, si bien excluyó la teoría de Papismo Oriental, no excluyó la primacía de honor del Patriarca de Constantinopla con respecto a los otros patriarcados y que él continuó reteniendo, pero no en el sentido de autoridad monárquica romana, sino simplemente en el sentido de la enseñanza Evangélica del Salvador: "quién desee ser el primero, deberá ser el sirviente de todos".

            El Patriarca de Constantinopla retuvo su alto rango, aún como Obispo de Bizancio después de su caída y ocupación por los turcos en 1453. Mehmet II, el conquistador de Bizancio, reconoció al entonces el Patriarca Gennadios como la Cabeza Suprema en todos los asuntos cristianos dentro del Imperio Turco.

            Durante el yugo turco, los Patriarcas, no sólo conservaron su autoridad dentro de la Iglesia sino ante el Berat de los sultanes turcos, cuando en su calidad de etnarcas recibieron la autoridad secular sobre todos los cristianos ortodoxos, incluso sobre los otros Patriarcados Orientales. Ya que las líneas divisorias entre los asuntos de la Iglesia y su competencia secular no eran claras en Bizancio y eran casi inexistentes dentro de la monarquía turca, esta expansión de la autoridad del Patriarca de Constantinopla se reflejó también en las relaciones eclesiásticas en todo el Oriente Ortodoxo.

            El Prof. Troitsky resume las razones históricas que sirvieron para elevar al Patriarcado de Constantinopla por sobre los otros Patriarcados Orientales:

           

            1. La elevación de Constantinopla como la capital del Imperio bizantino.

            2. La acción de los Emperadores bizantinos, los cuales concedieron derechos administrativos y judiciales al Patriarca de Constantinopla dentro de la totalidad del territorio Imperial.

            3. La presencia del "Sínodo de la Casa" en Constantinopla en la que otros Patriarcas también participaron y de quien las decisiones fueron llevadas a cabo por la autoridad imperial.

            4. La acción del sultán turco, constituyendo al Patriarca de Constantinopla en "mijo-bashi" no sólo en su calidad de Cabeza Espiritual, sino que también lo convirtió en Cabeza Secular de todos Cristianos Ortodoxos y sus asuntos, lo cual incluyó también bajo su esfera a los otros Patriarcados Orientales.

            5. El título del Patriarca de Constantinopla como "Ecuménico" que evolucionó por vía de la costumbre pero que en sí mismo el Patriarca de Constantinopla no concede ningún tipo de jurisdicción más allá de las fronteras de su Patriarcado, sino meramente haciendo referencia a la extensión temporal de aquel Patriarcado durante la época de expansión del Imperio bizantino.

            A principios del siglo XX, la Iglesia de Constantinopla hizo un esfuerzo por resucitar la idea de su autoridad por sobre todo el mundo Ortodoxo una vez más, a la par que desarrollaba esta tendencia basándose en una teoría recientemente concebida sobre la subordinación obligatoria y exclusiva de todo la diáspora Ortodoxa a lo largo del mundo a la Iglesia de Constantinopla.

           

            En 1922, el Patriarca Meletios Metaxakis de Constantinopla (1871-1935) planteó la cuestión de la subordinación de toda la diáspora en Europa Occidental y América a su sola autoridad. Esto incluyó la subordinación de la Eparquía Rusa en América (actual OCA). Éste Patriarca abrió una nueva Eparquía en Europa, dando comienzo a una intrusión en las materias eclesiásticas de las Iglesias Ortodoxas en Polonia, Estonia, Finlandia entre otras.

             

Patriarca Ecuménico Meletios Metaxakis

Patriarca Ecuménico Meletios Metaxakis

           

            El Prof. Troitsky escribe que según esta teoría, la jurisdicción de todas las Iglesias Autocéfalas finalizan en las fronteras de los Estados en que dichas Iglesias se localizan, y que, en consecuencia, sólo el Patriarca Ecuménico, sobre la supuesta base de los Cánones 9, 17 y 28 del Concilio de Calcedonia, puede extender su jurisdicción sobre la totalidad de la diáspora, es decir, por sobre todas las Eparquías Ortodoxas y parroquias esparcidas a lo largo del mundo que estén fuera de las fronteras Estatales de las Iglesias Autocéfalas. De este modo, esta teoría privó a las restantes Iglesias Ortodoxas de los derechos y responsabilidades para sus esfuerzos misioneros requeridas a ellas por el propio Señor.

            El canonista ruso, S. Troitsky protestó contra estas pretensiones de los Patriarcas de Constantinopla y en defensa de la libertad de las Iglesias Autocéfalas y sus esfuerzos por "interponer una arrogancia humeante del mundo dentro de la Iglesia de Cristo."

            Sin embargo, la Iglesia Ortodoxa en América del Norte (la actual Iglesia Ortodoxa en América u OCA) en el día 7/22 de Mayo de 1922, fue la primera de las Iglesias en rechazar las demandas de sumisión del Patriarca Meletios IV.

            El Concilio de Obispos, habiendo oído hablar sobre la orden del Patriarca Ecuménico Meletios del día 1 Marzo de 1922 acerca de su jurisdicción sobre todas las Iglesias Ortodoxas existentes en Europa y América RESOLVIÓ:

           

            "Dado a que la Eparquía Rusa en América del Norte sigue siendo una parte de su fundadora, la Iglesia Ortodoxa Rusa, afirmamos: "que la Eparquía Ortodoxa Rusa en América del Norte sigue siendo una parte orgánica de la Iglesia Autocéfala de Rusia, y así la Orden del Patriarca Ecuménico no se aplica a nuestra Eparquía."

            Pronto sin embargo, la propia Iglesia Ortodoxa Rusa casi se convirtió en una víctima de las intromisiones del Patriarcado de Constantinopla en su vida interna. En aquellos años, es decir en los años veinte del siglo XX, cuando la Iglesia Ortodoxa Rusa se encontró sujeta a la cruel persecución de las autoridades Estatales ateas; el Patriarca Meletios de Constantinopla, desviándose de la opinión de la mayoría de los líderes de la Iglesia en el Mundo, no apoyó al encarcelado Patriarca Tikhon, sino que expresó su franco apoyo al cisma de los Renovacionistas de inspiración bolchevique (Iglesia Ortodoxa Viviente).

            Su sucesor el Patriarca Gregorios VII, a través de su representante en Moscú, el Archimandrita Basilio (Dimopoulo), expresó su deseo de que el Patriarca Tikhon sea depuesto del gobierno de la Iglesia y que el Patriarcado en la Iglesia de Rusia sea abolido.

            En su contestación del 6 junio 1924, el Patriarca Tikhon escribió al Patriarca Gregorios de Constantinopla:

            "En no pequeña medida nosotros nos conmocionamos y sorprendimos de que la Cabeza de la Iglesia de Constantinopla, sin ninguna consulta previa conmigo, representante legítimo y Cabeza de la Iglesia Ortodoxa rusa, interfiera en la vida interna y en los asuntos de la Iglesia Autocéfala de Rusia. Los Santos Concilios reconocieron la primacía de honor sólo como una prerrogativa del Patriarca de Constantinopla pero esto no significa reconocer alguna primacía de autoridad."

           

Patriarca Tikhon de Moscú

Patriarca Tikhon de Moscú

           

            En relación con la nueva teoría del Patriarca Meletios (Metaxakis) sobre la subordinación de la diáspora Ortodoxa, no sólo la de los griegos sino la de todos los Ortodoxos dondequiera que ellos se hallen, hace surgir actualmente una pregunta sobre la correcta interpretación de los Cánones 9 y 28 de Calcedonia. Esta cuestión no sólo despierta un interés académico o erudito, sino que tiene una importancia práctica "ya que la interpretación errónea de estas primacías dentro del marco de los cánones o la comprensión errónea de la estructura de la Iglesia Ortodoxa, puede conducir a una ruptura de las recíprocas relaciones canónicas entre las "Iglesias Ortodoxas Autocéfalas".

        

            El Profesor S. Troitsky hizo las siguientes interpretaciones y comentarios sobre los Cánones 9 y 28 de Calcedonia como prueba de que el Patriarca de Constantinopla nunca tuvo, ni tiene (en la actualidad) autoridad sobre la totalidad de la diáspora, puesto que según los Cánones, tal como puede encontrarse en el Pidalion (Timón en griego), -libro que contiene la recopilación oficial de cánones-, el Prof. S. Troitsky, luego de un cuidadoso análisis, llegó a las siguientes conclusiones:

           

            1. El Patriarca de Constantinopla no tiene autoridad jurisdiccional fuera de las fronteras de su Patriarcado, es decir sobre los territorios de otras Iglesias Ortodoxas. (Interpretación del Canon 9 de Calcedonia)

           

            2. La jurisdicción administrativa de ese Patriarca nunca se extendió sobre la totalidad de la diáspora Ortodoxa, sino sólo en la diáspora de unos pocos territorios bárbaros (Interpretación del Canon 28 de Calcedonia)

           

            Además, Troitsky señala, no encontrar ni un solo canon que hable sobre la primacía del Patriarca de Constantinopla. Tales cánones no existen ya que se consideró al Obispo de Roma como el primero. Además "la fundamentación del Alto Rango alcanzado por el Patriarca de Constantinopla deberá encontrarse en el consentimiento de las Iglesias Autocéfalas Ortodoxas las cuales son guiadas únicamente por la primacía de las enseñanzas del Fundador de la Iglesia, Jesucristo, y precisamente las Iglesias Ortodoxas no ven ninguna necesidad de cambiar el viejo orden, tal como lo exige el beneficio de la totalidad de la Iglesia"

            Finalmente, según Troitsky, el derecho del Obispo de Constantinopla al título "Ecuménico de Constantinopla" está basado en el mismo consentimiento general del resto de las Iglesias Ortodoxas: por tal razón desde aquel entonces hasta los nuestros días no podremos hallar base alguna para tales títulos en los Cánones.

            La forma de establecimiento de las nuevas Iglesias en territorios no Cristianos o en tierras bárbaras son explicadas por Obispo Ioann de Smolensk en su comentario sobre el Canon 2 del Segundo Concilio Ecuménico: "Los Pastores de las Iglesias Antiguas se mostraron muy activos en cuanto al establecimiento de Iglesias entre los pueblos paganos, a los cuales enviaron predicadores, ordenando presbíteros, así como también a algunos obispos quienes tomaron la responsabilidad de su administración. En general, la Iglesia bautizó a pueblos indigentes, los cuales al principio recibieron una jerarquía y forma administrativa propia de su Iglesia Madre. Las Iglesias recién establecidas no pudieron de repente recibir la potestad de auto-administrarse, pero con el paso del tiempo, ellos se tornaron independientes"

            Por esto, el Profesor Troitsky concluye:

           

            1. Todas las Iglesias Ortodoxas tienen el mismo derecho y responsabilidad de enviar a sus obispos y clero a todas partes para el trabajo misionero fuera de los límites de otras Iglesias de Autocéfalas. Puede decirse que esto no es sólo responsabilidad de la Iglesia, sino que es ley Divina, un mandato que encuentra su fuente en las palabras del Fundador de la Iglesia Universal, Cristo, mandato que dio a los fundadores de las Iglesias locales, los Apóstoles: "Vayan enseñar a todas las naciones" (Mt 28:19), por ello, impedir este derecho a cualquier Iglesia es prohibirles a los sucesores de los Apóstoles continuar con su trabajo

           

            2. En disputas jurisdiccionales que surjan entre dos o más Iglesias, existentes en un mismo territorio de la diáspora, el principio por el cual se resuelva no debe estar relacionado con la importancia o antigüedad de una u otra Iglesia, sino simplemente por el derecho que surja de la presencia histórica en dicho territorio.

           

            En 1996 con relación a la intrusión del Patriarca de Constantinopla dentro del territorio del Patriarcado de Moscú en Estonia, cuya presencia data de tiempos inmemoriales; el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa consideró su deber recordarle a Constantinopla que "Cada Iglesia Ortodoxa Local está auto administrada y no depende del Patriarca de Constantinopla en materias de jurisdicción", y además que:

            "Nosotros no habríamos evocado todos estos tristes eventos del pasado sobre las actividades del Patriarcado de Constantinopla, si no hubieran realizado en la actualidad actos similares. Muy a nuestro profundo pesar, los eventos concernientes a la Iglesia Ortodoxa en Estonia demuestran que el Patriarcado de Constantinopla no ha aprendido las lecciones de su pasado trágico y continúa aprovechándose de ciertas oportunidades para la expansión de su influencia sobre los territorios canónicos de otras Iglesias, provocando amenazas dolorosas a la "Unidad de la Iglesia". (Declaración del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, 1 de marzo de 1996)

           

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Patriarca Bartolomé
de Constantinopla

           

            Hoy cuando a lo largo del mundo la separación entre la Iglesia y Estado es un hecho consumado, la única cosa que permanece para la Iglesia son sus Cánones. Troitsky dice:

            "Cualquier Iglesia Autocéfala en una situación normal, es decir, con sus enseñanzas dogmáticas ortodoxas preservadas y su estructura canónica intacta, no puede permitir según los Cánones, interferencia alguna por parte de cualquier otra Iglesia en su administración, incluso por parte de la Iglesia de Constantinopla; además los Cánones específicamente no contemplan ninguna apelación (por parte de las Iglesias Locales) en relación a materias administrativas y judiciales de sus autoridades supremas (por el Phanar)".

            "La interferencia de una Iglesia en la vida de otra puede tener lugar ante la demanda de la autoridad suprema de esta última Iglesia Autocéfala (como fue el caso para solucionar las disputas internas en la Iglesia de Rumania a mediados de los 90) así como en el caso de que una Iglesia Autocéfala se desvíe en sus enseñanzas dogmáticas e incurra en herejía, o si no tiene un número suficiente de obispos para su independencia canónica" (dos obispos como mínimo)

            El Profesor Protopresbítero John Meyendorff hace la siguiente sugerencia sobre como debería ser según su punto de vista el futuro estado canónico del Patriarca de Constantinopla:

            "La Iglesia Ortodoxa, sin duda, está necesitando un centro mundial para coordinar la unidad de todas las Iglesias Ortodoxas, lo cual no significa crear una "supra autoridad" por sobre ellas. Nosotros esperamos que la convocatoria a un "Gran Concilio Ortodoxo" encontrará, con intrepidez, habilidad - y con la ayuda del Espíritu santo — los modos para remover el actual sistema, hoy algo obsoleto que funcionó desde los tiempos del Imperio bizantino y qué todavía nominalmente determina la organización de la Ortodoxia mundial. El Concilio deberá tomar un camino realista y permanente, puesto que la Iglesia está con una profunda necesidad de: Libertad, Unidad y Amor."

             

El Phanar

Residencia del Patriarca Ecuménico
El Phanar, Estambul, Turquía

             

            APÉNDICE UNO

            Estos son los cánones de la Iglesia Universal por los cuales se afirman las prerrogativas de honor y autoridad del Patriarca de Constantinopla (Tomados de Percival)

           

Canon III del Segundo el Concilio Ecuménico:

            El Obispo de Constantinopla, sin embargo, tendrá la prerrogativa de honor después del Obispo de Roma; porque Constantinopla es la Nueva Roma.

           

Canon IX del Cuarto Concilio Ecuménico:

            Si algún Clérigo tiene una disputa contra otro clérigo, él no desamparará a su obispo y correrá a las cortes seculares; sino que le permitirá primero exponer el asunto ante su propio Obispo, o permitirá que el asunto se someta ante cualquier otra persona a las cuales cada una de las partes seleccione, con el consentimiento del Obispo. Y si cualquiera de ellos contraviene estos decretos, estará sujeto a penas canónicas. Y si un clérigo tiene una queja, ya sea contra su propio o cualquier otro obispo, el asunto se decidirá por el Sínodo de la Provincia. Y si un Obispo o clérigo tiene una diferencia con el Metropolitano de la Provincia, permítasele recurrir al Exarca de la Diócesis, o al trono de la Ciudad Imperial de Constantinopla, y allí será tratado.

           

Canon XVII del Cuarto Concilio Ecuménico:

           

            Las parroquias periféricas o rurales deben, en cada provincia, permanecer sujetas a los obispos que ahora tienen jurisdicción sobre ellas, particularmente si los obispos las han gobernado por espacio de treinta años, de modo ininterrumpido y pacífico. Pero si dentro de ese período de treinta años, ha habido, o hay, cualquier disputa acerca de ellas, es legal para aquellos que se sienten afectados en la disputa, llevar su causa ante el Sínodo de la Provincia. Y si alguien se siente perjudicado por su metropolitano, permita que el asunto sea decidido por el Exarcado de la Diócesis o por el Trono de Constantinopla, como ya hemos antes mencionado. Y si alguna ciudad ha sido recientemente erigida, o aquellas que las serán en el futuro por parte de la autoridad imperial, permítaseles a sus parroquias eclesiásticas seguir el orden según el ejemplo político y municipal.

           

Canon XXVIII del Cuarto Concilio Ecuménico:

           

            Siguiendo en todas las cosas las decisiones de los Santos Padres, y reconociendo el canon que simplemente se ha leído ante los Ciento Cincuenta Obispos -amados de Dios- (a quiénes congregó en la ciudad Imperial de Constantinopla, Nueva Roma, en tiempos del Emperador Teodosio de feliz memoria), nosotros promulgamos y decretamos también las mismas cosas acerca de los privilegios para la Iglesia más Santa de Constantinopla puesto que es la Nueva Roma, por la misma razón que los Padres debidamente concedieron los privilegios al trono de la Antigua Roma , porque era la ciudad real. Y la mayoría de los Ciento Cincuenta Obispos, actuando por la misma consideración, concedió iguales privilegios (isa presbeia) al trono Santo de la Nueva Roma, juzgando justamente que la ciudad que es honrada con la Soberanía y el Senado, disfruta de los mismos privilegios que la antigua Roma imperial, también deberá en las materias eclesiásticas magnificarse como ella, y alinearse detrás de ella; de modo que en el Póntico, Asia, y las diócesis de Tracia, los metropolitanos y obispos de las mencionadas Diócesis, así como las de aquellas que están entre los bárbaros, deberán ser ordenados por el antedicho Trono Santo de la Iglesia más Santa de Constantinopla; de modo que cada metropolitano de las diócesis mencionadas, junto con los obispos de su provincia, los cuales ordenan a sus propios obispos provinciales, como ha sido declarado por los divinos cánones; pero eso, como se ha dicho anteriormente, los metropolitanos de las Diócesis mencionadas deberán ser ordenados por el arzobispo de Constantinopla, después de que las elecciones se han realizado apropiadamente, según la costumbre, y tendrán que ser reportadas a él.

             

Canónigo XXXVI del Concilio en Trullo:

            Renovando las promulgaciones de los 150 Padres congregados en la Ciudad Imperial protegida por Dios-protegida, y de aquellos 630 Padres quiénes se congregaron en Calcedonia (451); nosotros decretamos que la Sede de Constantinopla tendrá los mismos privilegios que la Sede de la Antigua Roma, y será altamente considerada en materias eclesiásticas como lo es aquella, y será segunda después de ella. Después de Constantinopla se alineará el Sede de Alejandría, luego la de Antioquia, y después la Sede de Jerusalén.

           

Por el Arzobispo Gregory Afonsky
De la " Orthodox Church in America"

Traducido y adaptado al español
por el Padre Gorazd
-Hieromonje-

 

 
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