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EL PROYECTO DE LENIN PARA CREAR UNA IGLESIA ORTODOXA SOVIÉTICA

Gobierno del patriarca Thykón

Patriarca Thykhon

Patriarca Thykhon (1917-1925)


Pocos días después de la elección del patriarca, subían al poder los bolcheviques. Su partido era, por principio, contrario a toda religión; y su proceder no se podía atribuir tan sólo a los errores cometidos por la Iglesia zarista, sino que lo justificaba con motivos tomados, no tanto de la vida de la Iglesia rusa, cuanto de la de las Iglesias occidentales. Para los nuevos amos, !a religión representaba un resto de la era capitalista, que debería ser superada por el comunismo. La religión era para ellos esencialmente reaccionaria, y enemiga del socialismo; y estaban, por lo tanto, persuadidos de la necesidad de suprimirla. Había únicamente divergencias en el modo de llevarlo a cabo. Desde el primer momento, comenzaron las medidas contra la Iglesia.

Revolucionarios Bolcheviques de 1917

Revolucionarios Bolcheviques de 1917

 Desde el 15 de noviembre de 1917, tan sólo diez días después de la elección de Thykón, quedaban abolidos todos los privilegios confesionales; y el 24 de diciembre la religión quedaba completamente expulsada de la escuela. El 23 de enero de 1918 salía el decreto de separación absoluta entre Iglesia y Estado; y desde el 2 de febrero se abolía toda prestación estatal en favor de ella. La Constitución de Lenín del 5 de febrero confirmaba todos estos decretos, y preveía, además, la confiscación de todo el patrimonio eclesiástico, ya que al privar a las comunidades eclesiásticas de su personalidad jurídica, desaparecía también su sujeto de propiedad. La Constitución hablaba, en verdad, de libertad de conciencia y de culto, pero entendida tan sólo de la liberación del individuo de la pretensión alegada por la Iglesia de ser ella la única poseedora de la verdad. De hecho, en enero de 1919 quedaba confiscada toda la propiedad de la Iglesia. Al mismo tiempo comenzaron a ser suprimidos los conventos, a la vez que comenzaban los primeros procesos contra eclesiásticos, muchos de los cuales habían de ser fusilados, o al menos deportados.

Lenin pronunciando un discurso en la Asamblea de todos los Soviets de Rusia

Lenin pronunciando un discurso en la Asamblea de todos los Soviets de Rusia


Thykón reaccionó con energía, y en enero mismo de 1918 publicó una carta pastoral sobre la situación creada, acusando decididamente el proceder del gobierno bolchevique. Como consecuencia de la confiscación de los bienes eclesiásticos, lanzaba decreto de excomunión contra todos sus mentores. En un principio, las autoridades bolcheviques nada intentaron contra él; no era el tiempo de crearse nuevas dificultades con los fieles, mientras perduraba la guerra civil. En ella, el patriarca se mantuvo neutral, y la misma postura exigió de todo su clero.

El clero quedaba en una situación verdaderamente precaria. Los sacerdotes no eran considerados ni siquiera como obreros; no recibían tarjetas de abastecimientos, carecían de toda posibilidad para ganarse la vida, y sus hijos no podían seguir los cursos de estudios. Quizás la medida más radical y perniciosa fue la prohibición de toda enseñanza religiosa hasta la edad de los 18 años. En el 1922 surgían nuevas dificultades y complicaciones entre la Iglesia y el Estado. El patriarca Thykón fue detenido y encarcelado. Comenzaba el primer ataque general contra la Iglesia rusa, llevado adelante con las medidas más violentas y radicales. Por otro lado, la detención del patriarca trajo consigo un cisma dentro de la misma Iglesia, cisma del que se aprovecharía el mismo gobierno como de un arma en su lucha contra la religión. En febrero de 1922 salía la orden de expropiación de los vasos sagrados, bajo el pretexto de que eran necesarios para ayudar a los hambrientos y a los pobres. El patriarca exigió a sus sacerdotes y al pueblo que opusieran la mayor resistencia a este expolio. El gobierno respondió arrestando a muchos sacerdotes y obispos. Fueron ajusticiados, como primera medida, el metropolitano Benjamín de San Petersburgo, el metropolitano de Kiew, Vladimiro, y el canónigo católico Budkiewicz. Más de un millar de sacerdotes fueron alejados de sus campos de acción. El conflicto se agravaba por la actitud hostil que adoptaban los prelados emigrados en el extranjero. Ya veremos cómo los emigrados reunidos en Karlovtsy se pronunciaban en favor de la restauración de la monarquía. La noticia llegaba a Rusia en la primavera de 1922.

El gobierno, por su parte, respondió con una campaña activa contra la Iglesia. Aunque el patriarca se inhibía en esta actitud antigubernamental de los prelados en la diáspora, y había condenado incluso, con carta del 5 de mayo, esa actividad política de los prelados de Karlovtsy ordenando su disolución; sin embargo, cuatro días después de esa carta, era él mismo detenido. Este hecho condujo a que salieran a la superficie todas las divergencias de la Iglesia, dando origen al cisma. El mismo clero estaba descontento del gobierno eclesiástico llevado a cabo por sus obispos, escogidos indefectiblemente de entre las filas de la vida monacal. Así, algunos elementos radicales, de acuerdo con los mismos bolcheviques, se aprovecharon de esta confusión, y decidieron fundar por su cuenta una "Iglesia viva", enfrentada a la patriarcal, que juzgaban ellos como muerta y anquilosada. La nueva Iglesia debería ser para adelante la única legítima. Y el caso fue que muchos hombres de recta intención vinieron a secundarles en sus proyectos.

He aquí el desarrollo de estos acontecimientos. El 14 de mayo, un grupo de sacerdotes descontentos, acaudillados por Alejandro Wedensky, publicaba un manifiesto en el diario bolchevique Izvestia, en e! que se acusaba a la dirección eclesiástica de contrarrevolucionaria, y pedía al gobierno facultad para poder reunirse en concilio. En diversas ocasiones visitaron al patriarca preso, exigiéndole que abdicase. Este se opuso decididamente, pero nombró sustituto suyo, mientras perdurara su encarcelamiento, al obispo Agatángelo de Jaroslav, y encargaba a los susodichos sacerdotes que se hiciesen cargo de las actas sinodales para entregarlas al obispo Agatángelo cuando llegara a Moscú. Ellos afirmaron que habían sido investidos ellos mismos de la dirección de la Iglesia, proclamándose como "suprema administración eclesiástica". Así nacía la que comenzaba a llamarse la "Iglesia viva".

El 29 de mayo se reunía una pequeña asamblea constituyente, que no presentaba, ni mucho menos, un organismo uniforme, compuesta de los grupos siguientes: la "Iglesia viva", capitaneada por el sacerdote Krasnitsky; la "Vieja Iglesia apostólica", bajo Wedensky; la "Iglesia del renacimiento", con el obispo Antonino, y la "Iglesia libre de los obreros". Por su parte, el gobierno promulgaba un decreto, con fecha 10 de agosto, en virtud del cual tan sólo se reconocerían las asociaciones registradas; la única que se inscribió fue la llamada "Iglesia viva". Los obispos que se opusieron a estas medidas fueron privados de sus cargos, y detenidos. En diciembre del mismo año 1922 lanzaba el patriarca Thykón la excomunión contra todos los seguidores de la "suprema administración eclesiástica". Por su parte, la "Iglesia viva", apoyada decididamente por el gobierno, pudo reunir un concilio en mayo de 1923, que declaraba depuesto al patriarca. Al mismo tiempo, introducía en la vida de la Iglesia unas nuevas medidas radicales, como el matrimonio de los obispos y las segundas nupcias de los sacerdotes viudos.(nótese la similitud con las ideas del Patriarca Ecuménico Meletios Metaxakis) Esta nueva Iglesia se inclinaba decididamente de parte del gobierno bolchevique.

Poco tiempo después de este concilio, quedaba puesto en libertad el patriarca, que, durante el tiempo de su reclusión, había cambiado radicalmente en su postura respecto del gobierno. Le presentó sus excusas por su pasada actividad hostil, y prometía abstenerse de ella para el futuro, rompiendo, además, toda clase de relaciones con los adversarios del gobierno. Así la Iglesia rusa abandonaba su lucha contra el régimen, reconociéndolo de derecho, y tratando de llegar a un "modus vivendi" con él, quedando replegada dentro del ámbito religioso.

Esta liberación del patriarca puso fin al primer ataque contra la Iglesia. Thykón, que reconocía la legitimidad del gobierno bolchevique, se mostró intransigente contra los disidentes de la "Iglesia viva", declarada cismática. Lo que fue suficiente para que muchos fieles volvieran al seno de la Iglesia patriarcal. La "Iglesia viva" suavizó mucho sus anteriores pretensiones a medida que iba aumentando las defecciones dentro de sus filas, no quedando en ellas más que el grupo que seguía a Wedensky. En adelante, comenzó a llamarse Iglesia sinodal por su forma de gobierno sinodal, en oposición al monárquico patriarcal. Todas las tentativas de reconciliación entre las dos Iglesias, fracasaron. Por eso fue más de lamentar que en el año 1924 fuera reconocida jurídicamente por el patriarca ecuménico constantinopolitano. Los bolcheviques la apoyaron en un principio, creyéndola un medio eficaz para la disgregación de la misma Iglesia, mientras a la Iglesia patriarcal se le negaba todo apoyo y aún reconocimiento.

Thykón moría el 8 de abril de 1925. El gobierno prohibió que se nombrara un sucesor. Pero en previsión de futuras complicaciones, ya el concilio de 1917 había concedido al patriarca la facultad de nombrarse un sucesor en caso de necesidad, y Thykón, en su testamento del 7 de enero de 1925, había designado para el caso, a los siguientes, por su orden: el arzobispo de Khazán, Cirilo, el de Jaroslav, Agatángelo, y el de Krutsky, Pedro, Los dos primeros no estaban en condiciones de asumir el cargo, por lo que los derechos pasaban al de Krutsky, que, lo mismo que Thykón, declaraba su fidelidad al gobierno. Pero en diciembre del mismo año 1925 era detenido y deportado. En previsión, ya había escogido él otros tres candidatos: el primero de ellos el arzobispo de Novgorod, Sergio. Asumió efectivamente la dirección de la Iglesia poco después de la detención de Pedro, a pesar de la oposición de unos cuantos obispos apoyados por el gobierno contra Sergio.

El lugarteniente del patriarcado: Sergio de Novgorod

Metropolita Sergio

Metropolita Sergio

Sergio trabajó con todo celo por obtener del gobierno el reconocimiento de la Iglesia patriarcal. Este exigía que se renunciase al principio monárquico, y se excluyese de la Iglesia rusa a todo el clero residente en el extranjero. Ante su negativa, fue arrestado el 13 de diciembre de 1926, y con él todos los obispos que hubieran de sustituirlo. A ruegos de una delegación obrera, quedaba en libertad a fines de marzo de 1927. Y con fecha 20 de mayo del mismo 1927, tanto el arzobispo Sergio como el sínodo temporalmente agregado a él, eran reconocidos, e inscritos en el registro civil. El reconocimiento hubo de conseguirse a cambio de grandes concesiones. Para adelante, se llegaba a predicar hasta un determinado patriotismo soviético. En el 1930 declaraba incluso Sergio que en Rusia no había ninguna clase de persecución religiosa, declaración que produjo gran sorpresa no sólo en Rusia, sino fuera de ella también. Algunos obispos se negaron a someterse a sus exigencias políticas, y fueron desposeídos de sus cargos; arrestados y desterrados. Con ello venía a aumentar la confusión en todos los ánimos. Se vio que Sergio se había entregado por completo en manos de los soviets, mientras, por otra parte, el gobierno defendía a los enemigos del arzobispo, agudizando así cada vez más la discordia dentro de la Iglesia. Más adelante, la mayoría de los obispos se reconciliarían con él.

Esta actitud pro-soviética del arzobispo Sergio consiguió para la Iglesia rusa una breve era de paz. Esta situación no duraría mucho tiempo; muy poco después comenzaría una nueva persecución que pondría en claro el hecho de que el gobierno soviético, en el fondo, no perseguía a la Iglesia por su actitud política, sino por odio contra la misma religión, ya que se declaraba un gobierno ateo. Volvieron a cerrarse los templos, 1.440 en el 1929; y volvieron a emprenderse los juicios contra numerosos sacerdotes, muchos de los cuales terminaban indefectiblemente en el fusilamiento. Otros muchos sufrieron la deportación a los campos siberianos. En abril de 1929 se promulgaba un decreto que resumía las anteriores disposiciones, haciéndolas más duras aún. El clero había de limitar su acción a sólo el ejercicio del culto, quedándole prohibida toda otra actividad, como la de la enseñanza, o la de diversas actividades sociales. Quedaban así mismo prohibidas todas las asociaciones religiosas. En esta y en las anteriores persecuciones religiosas, perecieron, según estadísticas dignas de fe, hasta 128 obispos, y unos 25.000 sacerdotes. Otros muchos estaban encarcelados en diversas regiones de Rusia.

La Iglesia Ortodoxa Viviente

 Hemos visto cómo esta Iglesia, constituida en Iglesia sinodal, y patrocinada por el gobierno comunista, había conseguido obtener el reconocimiento incluso del patriarca de Constantinopla. Bajo la dirección del metropolita Alejandro Wedensky, llegó a tener una importancia considerable, y es posible que en un momento determinado agrupase incluso a la mayoría del pueblo ruso. Era, ciertamente, una gran amenaza para la Iglesia patriarcal. En parte, debía su aceptación al hecho de que conservaba las tradiciones eclesiásticas de Pedro el Grande, que había tenido, durante dos siglos, un Santo Sínodo al frente de la Iglesia. Los soviets la apoyaban, pensando así luchar con más probabilidades de éxito contra el patriarca Thykón. Por ello, se le concedía incluso, al tiempo que se le había negado a la Iglesia patriarcal, el abrir un instituto teológico en Leningrado (la antigua San Petersburgo), y una academia eclesiástica en Moscú. Y comenzó a publicar su propia revista, El mensajero del Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa.

En el concilio celebrado en el 1925 podían felicitarse de sus insospechados progresos: De 9.939 iglesias, con 11.057 sacerdotes y 176 obispos que tenían a fines de 1924, habían pasado, en menos de un año, a 16.000 iglesias, 17.000 sacerdotes y 200 obispos. Era el apogeo de la Iglesia disidente. Pero desde entonces, comenzaría a ir perdiendo prestigio. Los fieles se inclinaban más bien al partido del patriarca legítimo. Estaba gobernada por el llamado sínodo de Moscú, compuesto de 18 obispos, de sacerdotes y de laicos. Su jurisdicción se extendía de modo inmediato a 57 diócesis, agrupadas en 7 metropolis; otras 8 provincias, con sus 62 diócesis, observaban una cierta autonomía, aunque dependiendo en principio de la Iglesia viva. Finalmente, cuando el gobierno soviético se decidió a reconocer jurídicamente la Iglesia patriarcal, marcaba la ruina definitiva de esta otra Iglesia cismática sinodal. Su jefe, el metropolita Wedensky, hubo de reconocer su rebeldía, y tan sólo sería admitido en las filas del clero como simple sacerdote. Los demás obispos y fieles fueron sometiéndose poco a poco a la Iglesia patriarcal.

Nueva inteligencia entre Iglesia y gobierno soviético


Hacia fines de 1932, y tras un estado de persecución que había comenzado en el 1917, la Iglesia rusa volvía a gozar de un pequeño paréntesis de tranquilidad. Ya en marzo de 1930 se había suspendido la clausura de los edificios de culto, y desde 1931 pudo el patriarcado publicar su propio boletín eclesiástico, que cesaría en 1936. En abril de 1934 los metropolitanos y los miembros del sínodo concedían a Sergio el título de metropolita de Moscú y de Kolomna. En 1935 quedaba disuelto el sínodo, que debería ser sustituido por reuniones regulares de los obispos. En 1936 salía la nueva Constitución stalinista, con reconocimiento de diversos privilegios que se habían negado a los sacerdotes anteriormente, como el derecho electoral activo y pasivo. También se reconocía al sacerdote como obrero, con todos sus privilegios, pero con la condición de que renunciara a su actividad sacerdotal. Por otro lado, continuaba la propaganda antirreligiosa, dictada en el decreto persecutorio del año 1929. Cabe destacar que Josef Stalin en su juventud fue seminarista de la Iglesia Ortodoxa Georgiana

Josef Stalin

Josef Stalin

   Hacia fines de 1936 murió el metropolitano Pedro, administrador propio del patriarcado, y Sergio se convirtió en su sucesor legítimo, pues era el único que podía posesionarse del cargo entre los designados en el testamento del difunto. Desde el 1 de enero de 1937, Sergio era ya nombrado en la liturgia como lugarteniente del patriarcado.

En 1937 se hizo un censo oficial de la Iglesia ortodoxa rusa, y apareció un gran porcentaje de los que se declaraban creyentes, no obstante las repetidas presiones de las autoridades comunistas. El gobierno soviético no se atrevió a hacer público el resultado del censo; en cambio, decidió tomar nuevas medidas represivas contra la Iglesia. Era el tercero y más terrible ataque desencadenado contra ella. Fueron numerosos los sacerdotes fusilados o deportados, tan sólo por su cualidad de sacerdotes, y por su actividad estrictamente religiosa. Las acusaciones formuladas contra ellos eran las siguientes: que poseían enormes riquezas, que llevaban una vida disoluta, y que desarrollaban actividades de espionaje a favor de Alemania, o preparaban diversos actos de sabotaje. Volvieron a clausurarse muchos templos, y se impusieron a las comunidades cristianas pesadísimos gravámenes. Así de 1937 a 1939, cuando, de improviso, cesaba la persecución. ¿Qué había pasado?

Podía hablarse ya de una nueva política soviética religiosa. La prensa del partido comenzaba a suavizar los términos de opresión, divulgando la idea de que tanto Stalin como Lenin, no consideraban como absolutamente necesaria la lucha contra la religión, en contradicción manifiesta contra toda su actuación anterior. Incluso se llegaron a dictar severos castigos contra los ateos que ofendieran los sentimientos religiosos de los demás. Aún hubo un brote persecutorio después de firmarse el pacto de no agresión entre Hitler y Stalin. Se declaraba que los soviéticos y los nazis tenían, ambos, un enemigo común, especialmente los sacerdotes católicos. La declaración se hacía después que las tropas nazis habían invadido Polonia. Pero esta actitud persecutoria cambiaría radicalmente una vez estallada la guerra ruso-alemana. Desde entonces, los soviets se constituyeron en defensores incluso de la misma religión. El 21 de agosto de 1941 radio Moscú hacía un llamamiento a todos los creyentes de los territorios ocupados por los alemanes para que se levantaran contra ellos en defensa de sus libertades religiosas. La misma religión era reconocida por las autoridades soviéticas como parte del patriotismo nacional del pueblo ruso. Y esto tenía mucho de cierto.

Desde 1943 se manifestó aún con más claridad el cambio de actitud operado en el gobierno ruso. Ya se dedicaba a favorecer y ayudar a la Iglesia patriarcal por haber comprendido cómo es mucho más fácil dominar a una Iglesia centralizada, que no a un gran número de grupos dispersos. Desde 1944 comenzaba a publicarse nuevamente el boletín mensual del patriarcado. Todavía más, el gobierno concedía el correspondiente permiso para proceder a la elección de un nuevo patriarca, elección que no se había hecho, por imposición del mismo gobierno, desde la muerte de Thykón. Fue designado el mismo arzobispo de Moscú, Sergio, elegido por un sínodo de 17 obispos, el 8 de septiembre de 1943.

 A su muerte, el 2 de febrero de 1945, un concilio nacional, al que asistieron también los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Georgia, así como también representantes de otras Iglesias autocéfalas ortodoxas, se elegía como sucesor  al arzobispo Alexis, de Leningrado.

Alexis (Simanski) era miembro de una familia aristocrática moscovita. Se graduó en la facultad de derecho de la Universidad de Moscú y en la academia teológica de esa misma ciudad. Se convirtió en monje durante el segundo año que pasó en dicha academia, y fue consagrado obispo en Í913. Cuando en 1927 el metropolitano Sergio publicó su famosa declaración de lealtad al régimen soviético, el arzobispo Alexis inmediatamente se unió al sínodo de Sergio, y se volvió el más activo de los colaboradores en la lucha contra aquellos otros obispos que se negaban a someterse a la nueva corriente. En 1943, como miembro de la delegación que tomó contacto con Stalin, tuvo parte activa en la restauración del patriarcado, y sucedería al mismo Sergio, como ya hemos dicho, después de su muerte, en el 1945. El nuevo patriarca dirigió cantidad de mensajes de lealtad a los jefes de Estado. Llamó a Stalin "sabio líder elegido y señalado por la Providencia divina para dirigir la madre tierra por el camino de la prosperidad y la gloria". Con un espíritu similar, emitió exhortaciones y mensajes en ocasión de varios aniversarios soviéticos, y envió cantidad de telegramas de felicitación. Del mismo Stalin dijo en otra ocasión que "nuestra santa Iglesia tiene en él un fiel protector".

Por su parte, las autoridades soviéticas habían de demostrar en varias ocasiones su actitud benévola hacia el patriarca. Antes de la segunda guerra mundial, la cancillería del patriarcado residía en una casa muy modesta de los suburbios de Moscú; en 1943 el patriarcado recibía los enormes edificios de la antigua embajada alemana. El 11 de octubre de 1945 recibió la medalla "por la defensa de Leningrado", y el 16 de agosto de 1946 la "Orden de la Bandera Roja", que habitualmente se otorga por servicios prestados al comunismo. El 31 de agosto recibía así mismo la medalla "por servicios distinguidos durante la guerra patriótica de 1941-1945". Y el día de su septuagésimo quinto aniversario, en 1952, de nuevo sería recompensado con la "Orden de la Bandera Roja", por sus servicios patrióticos. Tal era el nuevo y originalísimo patriarca elegido de Moscú.

La nueva constitución de la Iglesia rusa había de tratar de adaptar su propia legislación eclesiástica a la de los soviets. Se abrieron algunas escuelas de teología para la formación de sacerdotes, y algunos monasterios de hombres como el famoso de las Cavernas de Kiev. Con todo, el gobierno prohibió en esas escuelas teológicas la enseñanza de materias que revistiesen un interés general, como la filosofía, la historia, etc., porque quería que el sacerdote no estuviera en condiciones de ejercer ninguna influencia intelectual en la sociedad. Numerosos templos quedaron restituidos al culto. Con ello, se buscaba asegurar una colaboración total, y eficaz, de todo el pueblo ruso en el esfuerzo común de la guerra contra los nazis, invasores del suelo patrio. Y en 1948 pudo celebrarse en Moscú un sínodo inter-ortodoxo, para conmemorar el quinto centenario de la autocefalía de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

El cambio se debía a razones meramente políticas. Hemos recordado la necesidad de polarizar los esfuerzos de todos en la guerra, eso, sin contar con las exigencias de la política exterior, que exigía ese cambio en el gobierno soviético en el plano de su estrategia religiosa. El gobierno ruso había de alinearse necesariamente, para llevar adelante la guerra, en el campo de los aliados democráticos; y en el interior, tenía necesidad de la Iglesia y de su influencia para reforzar en todos la unidad nacional. Un cambio, ciertamente, de emergencia y de conveniencia. Puede asegurarse que el gobierno soviético no ha sufrido un cambio fundamental en su política religiosa, ni que haya concedido una verdadera libertad religiosa. En Rusia continuaron por varias décadas en todo su vigor el idealismo ateo, que puede ser considerado como la doctrina oficial de la época soviética. Pero en vez de combatir directamente a la Iglesia, prefirió dominarla por completo, para convertirla en instrumento condescendiente de su política. Esa parece ser la valoración más común, al menos en occidente, de las relaciones pasadas entre el Estado Soviético y la Iglesia Ortodoxa dentro de Rusia.

La realidad era, que a pesar de todas las declaraciones de algunos jerarcas eclesiásticos a favor del régimen soviético, la Rusia comunista permanecía aún muy lejos de la verdadera libertad religiosa. Ni uno solo de los decretos restrictivos o persecutorios, fue derogado oficialmente,  siguiendo prohibida la enseñanza de la religión a los niños, tanto en las escuelas como dentro de los mismos templos, hasta el gobierno de Gorbachov.

 

 
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