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Posición Vétero-Calendarista acerca del Ecumenismo Imprimir
           El verdadero sentido del ecumenismo, debe ser entendido como el irrevocable llamado que tiene todo cristiano ortodoxo de guiar hacia la verdad a aquellos hermanos suyos que viven dentro del error; con el fin de compartir con ellos la antigua Unidad en la Fe de los tiempos Apostólicos.

            Es preciso aclarar, que la verdadera Unidad, es aquella que está basada en la Verdad y en el Amor, que no es otra cosa que la Unidad en Xto, fuente de toda Verdad absoluta en dónde se nutren y fundamentan todos los dogmas, sin llegar, por supuesto, a abarcarlo en la Inmensidad de Su Divinidad.

            Nuestra garantía de fidelidad a Xto, debe ser nuestro apego a la Verdad, la cual emana de las Sagradas Escrituras, de los Concilios Ecuménicos, de la Tradición y de los Santos Padres; es por ello que rechazamos toda forma de ecumenismo cuyo marco sea la relativización de los dogmas, tal como suelen hacer los “ecumenistas”.

            El actual concepto de ecumenismo sostenido por el del Concilio Mundial de Iglesias es totalmente ajeno a la eclesiología católica ortodoxa, ya que su punto de vista esta mas emparentada con la eclesiología protestante la cual sostiene que cada Denominación posee algo de la verdadera fe, sin embargo, ésta por si misma no constituye la Verdadera Iglesia, sino que la Iglesia de Cristo es invisible, y en definitiva ninguno de los cultos presentes en esta tierra pueden abrogarse ese título, afirmando que la suma de todas las partículas de verdad de los diferentes Cuerpos Eclesiales  componen la Iglesia Única Católica  y Apostólica. Esta postura dista demasiado de la eclesiología y teología ortodoxa para que, aún con la mejor buena voluntad la podamos aceptar; y de todos modos sostenemos que si bien el principio sostenido por los “ecumenistas” suena conciliador y hasta a primera vista lógico, debemos reconocer que la suma de muchos errores no forman una Verdad.

            Cabe destacar, que muy a menudo, los “ecumenistas”, son gente de muy buenas intenciones, sobre las cuales, en la intimidad de su corazón, resuena la sentencia evangélica: Que todos sean Uno, como Yo y el Padre somos Uno...; pero para lograr esa “Unidad” sacrifican algunas verdades, sin caer en la cuenta de que Xto es la Verdad, y la verdad en el plano religioso se halla contenida en la integridad y pureza del cuerpo dogmático de la Iglesia.

            Pero a fin de ilustrar lo antes dicho propondría el siguiente ejemplo: Que pensaríamos – o que nos dicta la experiencia personal- acerca de la siguiente situación: Supongamos que una pareja rompe luego de mantener importantes diferencias, pero luego de un tiempo sin verse descubren que en realidad desearían volver a estar juntos, pero, sin embargo, durante su cita de reconciliación en su afán de restaurar el vínculo, ignoran o disimulan aquellas diferencias que en otro tiempo los condujo a la separación; ¿acaso, estimado lector, no cree que se está cometiendo el mismo error, y hasta tal vez se lo está  profundizando? La experiencia vivencial nos enseña que uno puede y debe renunciar a muchas cosas en pos de una reconciliación, pero que jamás uno puede renunciar a la verdad para lograrlo, puesto que con ello solo estaríamos sembrando la semilla de una nueva ruptura tan, o inclusive, más traumática que la anterior.

            Debemos ser conscientes, sin embargo, de que si participamos de la Verdad, no es de ninguna manera por nuestra virtud, inteligencia o santidad, sino por el amor de Nuestro Señor Jesucristo, quién puso los medios para que aún siendo necios y pecadores, participemos del conocimiento de la Verdad a través de Su Iglesia, de la cuál es su fiel guardiana y propagadora.

            Es importante caer en la cuenta de que “participamos” de la Verdad, pero de ninguna manera somos sus “dueños”, es por eso que el hecho de ser ortodoxos, no debe de ningún modo llevarnos hacia actitudes rígidas, conservadoras, o refractarias hacia los no-ortodoxos, sino por el contrario, llenos del amor de Xto debemos conducirlos hacia la Verdadera Fe, pero en caso de no lograrlo no debemos frustrarnos ni abandonarlos, sino ser respetuosos de la libertad del otro, y confiados de la Inmensa Misericordia de Dios, quién conoce los tiempos de cada uno de sus hijos para hablarles al corazón. Es preciso también, que nunca olvidemos que Jesús, Nuestro Redentor, no derramó su sangre sólo por la cristiandad ortodoxa, sino que lo hizo para redimir a la totalidad del género humano, lo cual significa que nadie está excluido del Amor Divino, y precisamente en ello radica nuestra Fe y nuestra Esperanza.

            El verdadero cristiano ortodoxo, debe siempre mostrarse atento a las necesidades de aquellos que lo rodean, sin importar de quién se trate, así como lo hizo Nuestro Señor Jesucristo, sin mantener aquellas actitudes sectarias tan presentes en las herejías de los primeros siglos, como era el caso de los novacianos, donatistas, o mas tardíamente, los cátaros en occidente.

            Algunos hermanos ortodoxos patriarcales señalan una actitud rayana al donatismo por parte de algunos Sínodos viejo calendaristas, lo cual es en cierto modo comprensible si toman como referencia a Sínodos vetero calendaristas radicalizados (Mathewistas). Estos hermanos nuestros sostienen ser los únicos depositarios de la Gracia Sacramental debido a la “apostasía” en que incurrieron las Iglesias Ortodoxas al aceptar el ecumenismo y el nuevo de calendario; sin embargo, y para ser honestos, estos sínodos radicalizados son minoritarios, y los Sínodos moderados (Florinistas) que reconocen la Unidad del Cuerpo Místico de Cristo dentro del conjunto de las Iglesias Católicas Ortodoxas, son amplia mayoría.

Nosotros sostenemos la Unidad de la Iglesia, pese a los hechos que pudieron ensombrecerla, y esta Unidad permanece inconmovible pese a la dignidad o indignidad de los Obispos, Metropolitas o Patriarcas que en determinados períodos gobernaron o gobiernan al pueblo cristiano en su peregrinar por la historia, pues dicha Unidad no reposa en los hombres, sino en el Dios Uno y Trino. (*)

            A modo de conclusión podremos observar que a diferencia del ecumenismo promovido por Roma, el auténtico ecumenismo es de carácter mas bien espiritual y no busca como objetivo esencial la unidad jurisdiccional –rasgo distintivo de la Sede de Roma- en dónde sus efectos devastadores se pueden visualizar a través de la historia de nuestros hermanos uniatos.

(*) Para romper la Unidad con la Iglesia Ortodoxa, sería necesario que dicha Jurisdicción realice un pronunciamiento oficial en dónde se afirme la “nueva doctrina”, por lo tanto, concluimos que la Unidad existe aún dentro de la Iglesia puesto que ninguna Jurisdicción Ortodoxa se ha pronunciado oficialmente (a través de un Concilio) a favor de posiciones modernistas o ecumenistas que comprometan dicha Unidad.

 

 
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