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Antecedentes y Desarrollo Histórico del Pensamiento Ecumenista Imprimir

A- INTRODUCCIÓN

            Ante todo quisiera señalar que el término “ecumenismo” no debe perder jamás la connotación positiva que verdaderamente debe poseer para todo cristiano ortodoxo, ya que sería lamentable repetir viejos errores históricos, como ser la connotación negativa que adquirió de suyo entre algunos ortodoxos la palabra “católico”, olvidando involuntariamente que nuestras Iglesias son esencialmente católicas, ya que la catolicidad no es  privativa de la Iglesia de Roma, sino que es un atributo, exigida por el mensaje del Evangelio, a la Iglesia.

            Tampoco deberemos olvidar que la palabra “ecuménico” es muy cara a la tradición ortodoxa, ya que por ejemplo, nuestros hermanos patriarcales, nombran durante la Divina Liturgia (en el díptico) al Patriarca Ecuménico, y la totalidad de las Iglesias Ortodoxas nos regimos según los cánones emanados de los 7 Concilios que también son Ecuménicos, y es precisamente por esa cualidad que son una guía rectora para la totalidad de la Iglesia; así como en definitiva, la Iglesia Ortodoxa es en esencia Ecuménica, lo que se desprende de su carácter universal, o sea poseedora de la nota eclesial de catolicidad al estar abierta a los todos hombres y mujeres de toda etnia, tiempo y lugar.

B- CONTRA-REFORMA CATÓLICA E INSTAURACIÓN DEL IMPERIALISMO ECLESIÁSTICO EN EL SIGLO XVI.

            Para una mejor comprensión sobre el origen del Movimiento Ecuménico entre los cristianos de occidente, deberemos hacer una breve reseña histórica que nos sirva de marco referencial y explique las causas de la evolución de su surgimiento.

            A principios del siglo XVI, la Europa Occidental, otrora bajo el hegemónico poder del Patriarca de Roma, se desangraba en medio de cruentas guerras religiosas que habrían de perdurar por algo mas de un siglo, ante esta situación desesperante, a mediados del siglo XVI, el Papado decidió controlar la situación convocando a un Concilio que sesionó en la ciudad italiana de Trento. Como consecuencia directa de dicho concilio, se originó el movimiento religioso y cultural conocido bajo el nombre de “contra-reforma”, el cual intentó poner freno al avance del luteranismo y calvinismo, que ya comenzaban a amenazar seriamente la hegemonía de Roma dentro de los propios países latinos.

            Si bien la “contra-reforma” logró parcialmente su objetivo, llegando a rescatar a la misma Francia del protestantismo, se desarrolló paralelamente a este movimiento una suerte de Imperialismo Eclesiástico sobre Europa Oriental, Medio Oriente, e incluso el Lejano Oriente durante los siglos XVI y XVII (véase por ej. la historia de la Iglesia Malabar o la Greco Católica de Ucrania) cuyos ejecutores fueron, principalmente, los Jesuitas.

            La Europa Occidental del siglo XVI, estuvo profundamente dividida entre católicos y protestantes, los cuales tenían concepciones políticas y religiosas muy distintas; mientras que en Europa Oriental, el impacto de la reforma luterana fue bastante menor, por lo que podemos afirmar que el Mundo Bizantino, si bien en gran parte estaba bajo dominio musulmán, había mantenido su unidad religiosa en el aspecto mas profundo.

C- DESARROLLO HISTÓRICO DEL ECUMENISMO DE CUÑO PROTESTANTE

            El germen del “Ecumenismo” tal como lo conocemos en la actualidad, nace en 1846, con el surgimiento de la “Alianza Evangélica Universal”, la cual agrupaba a fieles protestantes independientemente de sus confesiones particulares. Años mas tarde, en 1867, se reuniría la primera “Conferencia de Lamberth”, la cual congregó a los representantes de todas las Iglesias Anglicanas y Episcopalianas del Mundo.

            Estas verdaderas confederaciones denominacionales, no tenían como objetivo principal la búsqueda de Unidad en la Fe, sino la de promover una acción mas coordinada entre los distintos grupos, y mejorar la convivencia entre los variados cuerpos eclesiales, muchos de los cuales rivalizaban entre sí; dado a que la teología protestante, a diferencia de la ortodoxa, está fuertemente influenciada por el nominalismo de Guillermo de Okham (siglo XII), lo cual le confiere cierto relativismo en el plano Dogmático, y si a esto le sumamos la libre interpretación de las Escrituras sostenida por Lutero, nos podemos dar una idea un tanto mas acabada acerca del espíritu “ecuménico” dentro del Protestantismo, y del clima de ambigüedad teológica que le da marco.

            Estos esfuerzos ecuménicos de las Iglesias protestantes se vieron coronados luego de finalizada la II Guerra Mundial, con la fundación en la ciudad de Ámsterdam, en 1948, del Consejo Mundial de Iglesias, la cual fue integrando poco a poco a distintas Iglesias Cristianas. El único requisito teológico para ingresar a este Consejo es la de confesar a “Jesucristo, Dios y Salvador”. De todos modos es válido aclarar que el Consejo Mundial de Iglesias tampoco pretende ser una “Supra-Iglesia”, sino un lugar de encuentro y debate de las distintas confesiones.

Muchas Iglesias Ortodoxas se integraron al consejo en las décadas de los 50 y 60, pero sin el consenso interno de la totalidad de sus miembros, como es el caso de Georgia, dónde el Patriarca fue un activo integrante de este Consejo, mientras que la mayoría de los Monasterios y obispos rechazan su permanencia en ese Cuerpo, otro caso es el del Patriarcado de Moscú, en dónde una porción muy importante de obispos piden retirar a la Iglesia Ortodoxa Rusa del Consejo, así como también la fuerte oposición del difunto Patriarca de Jerusalén Diosdoros I , a esa Institución. En la actualidad, muchas Iglesias Ortodoxas se están replanteando su permanencia dentro del Consejo Mundial de Iglesias. Demás está decir el explicito rechazo de los distintos Sínodos Vétero Calendaristas a este movimiento.

D- DESARROLLO HISTÓRICO DEL ECUMENISMO DE CUÑO CATÓLICO ROMANO

            Un hito importante para lo que luego sería el desarrollo del ecumenismo de cuño, no ya protestante sino romano, fue la conversión de un sacerdote anglicano llamado Newman, quien luego de leer detenidamente a los Santos Padres decidió abandonar el anglicanismo (1845) para abrazar el catolicismo. Con la conversión, de quien luego sería el Cardenal Newman, se fundó el conocido “Movimiento de Oxford”, el cual pretendió iniciar una restauración de las Fuentes Apostólicas dentro del seno de la Iglesia Anglicana.

            Algunos años mas tarde (1890), el sacerdote católico (lazarista) Fernand Portal, creyó que la Iglesia Anglicana y la Católica Romana podrían retornar a la Unidad, ya que según el Padre Portal, los anglicanos habían conservado lo esencial de la Fe católica, en particular la Sucesión Apostólica, sin embargo, la Santa Sede, declararía nulas las ordenaciones anglicanas.

            Ambos, el Cardenal Newman y el Padre Portal, dieron (sin saberlo) gran impulso a lo que luego sería el Movimiento Ecuménico dentro del Catolicismo Romano.

            En sus comienzos este movimiento fue combatido por el Papa Pio XI, a través de su encíclica “Mortaliun Animos” publicada en 1928, sin embargo, tres décadas mas tarde, el Papa Juan XXIII, cambiaría drásticamente la posición anterior, hecho este que se haría patente durante las Sesiones del Concilio Vaticano II.

 

Papa PIO XI

Papa PIO XI

Papa JUAN XXIII

Papa JUAN XXIII

 

            La Iglesia de Roma, luego de ser la mas reticente al Movimiento Ecuménico (mucho más incluso que los propios ortodoxos), se convirtió hacia principios y mediados de los años 60, en su abanderada, invitando a los ortodoxos, anglicanos, luteranos y demás Iglesias a participar del Concilio Vaticano II en calidad de observadores. La personalidad carismática y encantadora del Papa Juan XXIII - el bueno -  hizo posible crear ese clima de nostalgia de la Unidad Perdida; cabe mencionar que este Papa, en sus años de funcionario pontificio en Bulgaria y como nuncio en Turquía, tuvo un gran contacto con el Mundo Ortodoxo, granjeándose en esos años el afecto de muchos obispos ortodoxos.

Observadores Invitados al Concilio Vaticano II

Observadores Invitados al Concilio Vaticano II

            El Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII en 1962 sesionó hasta 1966, siendo clausurado por su sucesor el Papa Pablo VI. Como consecuencia de este Concilio, se originó en algunos círculos teológicos católicos, un cierto relativismo doctrinal en aras de un “aggiornamiento” y de una mayor apertura ecuménica; sin embargo, y pese a las buenas intenciones de muchos de sus mentores, aquel espíritu ecuménico degeneró muy pronto en una nueva forma, mas aggiornada y sutil, de Imperialismo Católico similar al vivido en el post-trento del siglo XVI.

El Papa PABLO VI junto al Patriarca Ecuménico ATHENAGORAS

El Papa PABLO VI junto al Patriarca Ecuménico ATHENAGORAS

E- CONCLUSIÓN

            Si algún ortodoxo desea saber realmente como entiende Roma un acuerdo “ecuménico”, le basta con observar la situación de nuestros hermanos uniatos, y que lea un poco sobre el origen e historias de esas Jurisdicciones bizantinas unidas a Roma, de ese modo podrá darse una idea bastante acabada de lo que implica un mayor acercamiento o un acuerdo con Roma.

            Si bien el Vaticano aparece ahora, a través de la actividad de Juan Pablo II, con la pretensión de mostrarse como el nuevo campeón de la Unidad de los Cristianos, debemos enfrentar una verdad incontrovertible:  Por propia dinámica teológica del Catolicismo Romano se torna imposible realizar un diálogo verdaderamente ecuménico (para quien deseara realizarlo) puesto que Roma, a diferencia del conjunto de Iglesias Ortodoxas, no comprende lo que es la Unidad en la Fe.

            Detengámonos un momento en este concepto clave; las Iglesias Ortodoxas están unidas entre sí por la Unidad en la Fe, expresada en los 7 Concilios Ecuménicos, sin necesidad de estar unidas Jurisdiccionalmente; es por esta razón que la Iglesia Ortodoxa entiende que el objetivo de un diálogo teológico no puede ser jamás la cuestión Jurisdiccional, que la ortodoxia juzga como un carácter de asunto mas bien secundario, sino que el diálogo debe centrarse en la Unidad en la Verdadera Fe, la cual emana de las Escrituras, la Tradición y los 7 Concilios Ecuménicos. Ahora bién, este espíritu de diálogo se torna insostenible par un romano, puesto que él no podrá sostener jamás la Unidad en la Fe separadamente de la Unidad Jurisdiccional, dado a que si alguien conviniera en aceptar la totalidad del cuerpo dogmático de la Iglesia Católica, en virtud del dogma de la infalibilidad pontificia, queda automáticamente bajo la jurisdicción Papal debiéndose integrar sin posibilidad alguna de mantener su libertad, dentro de las estructuras vaticanas; es decir, nadie puede estar en Comunión Plena con la Iglesia Católica Romana sin ser absorbido irremediablemente por ella, perdiendo cualquier atisbo de libertad posible. Esta concepción de Unidad es totalmente ajena a la ortodoxia, la cual no obliga a sus fieles a una convivencia forzada, sino que mas bien busca garantizar la Unidad en auténtica Libertad.

            Como mencionamos antes, nuestros hermanos uniatos son el fiel testimonio de lo que entiende la Santa Sede por la Unidad con sus Iglesias Hermanas de Oriente, y ciertamente no es lo que la mayoría de los ortodoxos desean para si mismos.

            Por último creo que es honesto destacar que muchos de los Jerarcas ortodoxos que acudieron al Concilio Vaticano II, soñaron (luego de vivenciar toda la muerte, persecución y destrucción que significó la II Guerra Mundial, y pocos años después el comienzo de la Guerra Fría) con la Restauración de la Gran Iglesia, pero interpretada de distinto modo de cómo lo entiende la Curia Romana, es por ello que los gestos y anhelos bien intencionados de algunos de aquellos jerarcas, fueron a menudo mal interpretados por algunos prelados católicos, los cuales creyeron ver en ellos, una cierta sumisión de los ortodoxos frente al nuevo papado aggiornado. Esto explica en parte la sorpresa con que Roma toma el rechazo generalizado de los ortodoxos a la gira del Papa Juan Pablo II por Grecia y Ucrania, buscando las respuestas a tal actitud en una especie de resentimiento ancestral de los ortodoxos (sitio de Constantinopla en el 1204), pero sin mencionar los conflictos suscitados por el propio Papa Juan Pablo, hace tan sólo una década atrás, cuando lanzó su campaña proselitista (con abundante dinero fresco occidental) por los países del Este, hablando incluso de “Re-evangelizar Rusia”, lo que no resultó menos que insultante al Patriarca de Moscú, y al pueblo ortodoxo ruso que son cerca de 90.000.000 de fieles.

Por Hierodiácono Gorazd

 
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